Cuadernos de ítaca
Artículos de Opinión
sábado, 6 de marzo de 2021
The Extraordinary Tale. 2013
viernes, 15 de enero de 2021
La Princesa Prometida. Rob Reiner. 1987
Cuando Rob Reiner rodó La Princesa Prometida (The Princess
Bride. 1987), no era consciente de que acaba de pergeñar una de las obras de
culto del imaginario ochentero. William Goldman, el autor literario, disuelve
las fronteras entre realidad y ficción, practica la hibridación y nos acerca al
crossover mucho antes de la era digital. El film se ha convertido en un icono y
patrimonio del género de aventuras, basado en una frase de las que el
espectador no olvida: Hola, me llamo
Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”. Una de esas
frases que adquieren la categoría de míticas en el imaginario colectivo, e
identifican a una obra. Bajo el disfraz de una historia romántica, de la rotura
de cánones femeninos que contaminan este tipo de historias, bajo la máscara de
la ironía que manejan los diálogos, se encuentra la historia de una venganza.
Una venganza cuya única resolución lógica es un duelo.
La Princesa Prometida rompe todos los esquemas del género, ambientada en unos entrañables
efectos de cartón-piedra, con personajes de matices casi naif y concepto visual
ochentero, para abrir un nuevo sendero y sentar las bases de un novedoso tipo
de relato donde la ironía es el arma y el concepto “destroyer” de los géneros,
el soplo de aire puro. El tono metareferencial que propone el abuelo (excelente
Peter Falk) narrando a su nieto la historia que vamos a ver en pantalla,
imprime personalidad a la propuesta y es un homenaje-referente a la narrativa
oral que todos hemos recibido en la infancia.
La historia de la princesa Buttercup
es un ejercicio metalingüístico, donde el clásico relato es diseccionado por el
bisturí, despiezado y vuelto a construir con un ritmo narrativo sin tregua, con
emocionantes duelos humorísticos como el que desarrollan Westley (Cary Elwes) y
Mandy Patikin (Montoya) tan estimulante en lo dialectico como en el aspecto
táctico del combate. Curiosamente esta escena fue rodada en decorados idénticos
y simétricos. Cuando los dos contendientes se confiesan que ninguno es zurdo,
el raccord permanece sin ningún problema.
El humor usado como arma, una suerte de Monty Python para jóvenes presentando el envés del cuento de hadas clásico y la honestidad de su propuesta, la han convertido en un referente cultural ochentero que mixtura con sabiduría el drama, la comedia, la aventura y el fantástico, presentando una panoplia de personajes que podrían haber escapado de nuestro castizo Capitán Trueno. Esta inteligente parodia consigue existir en dos niveles paralelos con personajes fuera de lugar, situaciones esperpénticas que remiten a los arquetipos encarnados de las animaciones de Disney y homenajes naif al subgénero de capa y espada. De hecho, el hilo argumental que sostiene todo el pathos es el duelo final de Iñigo Montoya, verdadera catarsis para el espectador. El modo en que avanza la trama (preguntas sobre la misma, interrupciones, saltos en el tiempo) aporta eficiencia y dinamismo a un desarrollo que juega con la desmesura como estética, con personajes de un frikismo vocacional, mientras homenajea los clásicos de Douglas Fairbanks y Errol Flynn.
El equilibrio entre el plano
fantástico y la aventura tradicional y el disparate montyphitiano (o
melbrooksiano) está bien conseguido y la interrelación entre ambos es fluida. La Princesa Prometida juega con el
arquetipo del género de hadas, del fantástico y de la aventura subvirtiendo sus
valores. Reiner consigue parodiar un género al tiempo que lo celebra y
participa e él. El hilo que mueve a Montoya no es la consecución de un objetivo
noble, es la venganza. Una venganza que culminará en la mítica frase: “Hola, me llamo Iñigo Montoya. Tú mataste a
mi padre. Prepárate a morir”. Hoy convertida en un fragmento de la cultura
pop de los 80.
martes, 5 de enero de 2021
!Y tú, máaaas!
El “y tú, mas” se ha convertido en esgrima verbal para zascandiles y ajedrez intelectual de mostrencos y monaguillos. La visión de túnel a que someten los fanatismos a sus fervientes adoradores, les priva de la verdadera percepción de su entorno. Enfoques sesgados por los sectarismos, miradas castradas por la ponzoña de las ideologías. Segmentos parciales de un mundo que no llegan a comprender en su totalidad. Que no perciben en su riqueza y pluralidad. La visión de túnel, condicionada por las orejeras, obliga al oficiante a dar vueltas alrededor de la noria de su micromundo. Sin capacidad de conocer lo que hay afuera. Sin otra visión que las palabras, conceptos y mantras que le susurran en los oídos.
Abrazar cualquier dogma supone la incapacitación del propio desarrollo anímico e intelectual. Las ideologías son excluyentes en su propia naturaleza, ya que estas se basan en la certeza de sus conceptos frente al error de los otros. En la posesión de la verdad absoluta frente al ajeno yerro.
En el imaginario de las doctrinas, el individuo se convierte en un número. Un oficiante del credo, al que no se permite la discrepancia, la disidencia o el propio pensamiento.
Los niveles de ceguera llevan al adoctrinado a defender con saña (y odio), en los que considera “los suyos”, los mismos errores y acciones deleznables de los que acusa a “los otros”, convirtiendo del cinismo en un modo de vida. Mayor gravedad tienen los acólitos y monaguillos que pordiosean unas migajas en la mesa del banquete, regurgitando sandeces y mostrencadas en los mass media, para obtener la palmadita en la espalda y el beneplácito de los Sumos Sacerdotes. La tropa de danzantes alrededor del Becerro de Oro aumenta exponencialmente cuando aumentan las posibilidades de “pillar cacho” y llevárselo calentito.
Han desaparecido conceptos como la dignidad, la ética o la estética a la hora de entablar coloquios o debates. Los celebrantes suelen ser profesos (y confesos) de alguna doctrina que les impide acercarse a la realidad o les ofrece prebendas si defienden lo indefendible. La tónica general es el analfabetismo en los campos sobre los que se debate. Prima la consigna sobre la racionalidad, lo dogmático sobre el pensamiento libre.
Los ponentes acceden al diálogo desde el cerebro límbico. Sin procesar pensamientos, sin filtros ni selección de las ideas. Este nacimiento de la frase desde lo visceral, sin procesar lo emocional, lleva a situaciones esperpénticas. El “y tú, más” es el recurso del impotente, la huída hacia adelante del orador, con la vena del cuello a punto de explotar porque el resto de la humanidad no se somete a sus designios.
El nivel de los debates con que nos torturan a diario es de un Bajo Medioevo, con sus brujas, sus demonios, sus hogueras y todas las lindezas propias del asunto.
Lo que debería ser una esgrima de inteligencia, una textura enriquecedora, un canal de conocimiento, se convierte en lodazal para el intelecto y vergonzante paleta de miserias humanas, dada la calidad ciudadana e intelectual de los participantes.
Estas lides no son otra cosa que un certero espejo de una sociedad incapaz de asimilar sus errores, de reconocer sus lacras particulares, de enfocar el desatino como una posibilidad de avanzar, de corregir, de enriquecernos como sociedad.
Es más fácil recurrir al “y tú, más”, revolcarse en la propia miseria y continuar habitando en la injusticia.
Así nos luce el pelo.
miércoles, 2 de diciembre de 2020
El cuento del filósofo
Cuentan que en la antigua Hélade (Grecia para
los amigos) un grupo de discípulos departía todos los días en el Ágora con su
maestro, un anciano filósofo al que veneraban y también respetaban (eran otros
tiempos). El Maestro tan sólo manifestaba una manía u obsesión que consistía en
ubicarse en el centro geométrico del lugar que ocupasen. De este modo si
departían en una esquina, el filósofo se situaba en el centro y sus discípulos
amablemente (ya dijimos que eran otros tiempos) a ambos lados para departir
sobre lo divino y lo humano (que no es moco de pavo). Así desarrollaban sus
cuitas un día tras otro. Adoctrinados en el arte de la urbanidad y la
tolerancia (otros tiempos, vaya) a ninguno de ellos se le ocurrió nunca
preguntar o simplemente comentar acerca de la decisión un poco obsesiva-compulsiva
de su mentor. Pero como en todas las sociedades cuecen habas, es acostumbrada
la aparición de un iluminado, un cantamañanas o un simple inútil (que
posteriormente alcanzan puestos eminentes), que no alcanza a comprender la
importancia del silencio. De este modo el díscolo alumno un día osó preguntarle
al maestro acerca de su inocente obsesión. El maestro sonriendo ante la osadía
y con urbanidad exquisita (no recuerdo si he dicho que eran otros tiempos) apretó
afectuosamente el hombro del osado y le indicó con el índice.
-¿Quieres saber por que siempre me sitúo en el
centro geográfico de las cosas. Es muy simple (cacho patán, pensó) –contestó
sonriendo- Cuando estas en el centro de
algo, comprendes que todo lo demás, queda en los extremos. Por mucho que traten de engañarnos la geometría no falla.
El
alumno se retiró a meditar, babeando copiosamente, sobre la profundidad
de la frase del Maestro que sonrió mirando a su alrededor.
viernes, 16 de octubre de 2020
Paisaje después de la batalla
Vivimos tiempos difíciles para la lírica. Para la lírica y para el resto de vicisitudes humanas. Habitábamos nuestra piel, ajenos a nuestras postrimerías, agotando el instante sin pensar en un mañana. La pandemia nos ha enseñado humildad y nos ha mostrado un espejo de vulnerabilidad al que no solíamos asomarnos, envueltos en nuestro consumismo cotidiano y en ese hedonismo que se ha convertido en la marca de la casa.
Sentirnos tránsito, reconocernos como efímeros, es un balcón al que no acostumbramos a asomarnos. Una habitación con vistas a todo lo que no nos agrada percibir. Un paisaje que tratamos de ignorar aunque centellee delante de nuestros ojos. Pero además, esta situación terrible ha sacado a la luz el peor perfil del ser humano. La falta de empatía de algunos ciudadanos, que ignoran todas las normas que pueden perjudicar a otros mientras creen que no les daña a ellos. La volubilidad del ser humano, que un día aplaude y al otro quema en la hoguera a los aplaudidos. Si por algo se caracteriza este aciago periodo, es por el egoísmo visceral que manifiesta una sociedad incapaz de detener el avance de un patógeno cuando se le ha informado de modos, medios y maneras por activa y pasiva. No hemos dado la talla y las consecuencias se están pagando y se van a seguir pagando por mucho tiempo. Hasta que niveles va a afectar esta situación a escenarios como la futura economía, el nivel académico de los futuros profesionales, la supervivencia de los más débiles. Es algo que iremos descubriendo con el tiempo. Ninguna especie es tan mentecata como para arrojarse a las brasas voluntariamente. Nosotros estamos arrasando nuestro futuro a cambio de un instante de diversión o por no adaptarnos a unas normas pasajeras que a todos molestan, pero es lo que hay.
Por otra parte, la terrible tragedia de una sociedad que ha mandado un tenebroso mensaje: Es mejor no llegar a viejos en este mundo que estamos creando. El abandono a que han sido sometidos nuestros mayores, el dolor y el sufrimiento causado, la indiferencia nos definen como especie. Quienes nos desgobiernan no han estado a la altura, enzarzados en sus miserias cotidianas, envenenados de ideologías y fanatismos, nos han llevado al borde del abismo. Donde esperábamos cooperación y responsabilidad, nos ofrecieron circo mediático y vergüenza ajena. Donde aguardábamos apoyo y cercanía, nos regalaron el detritus de las ideologías y la basurilla de las banderías enfrentadas, convirtiendo el centro neurálgico de la nación en el circo de los horrores y la parada de los monstruos. El paisaje que se nos plantea es desolador. Somos una sociedad carente de empatía, incapaz de ponerse en lugar de los demás y que prima lo lúdico y el placer de los sentidos sobre la salud ajena. Somos una especie errónea cuyo único mérito ha sido el bipedismo y los dedos prensiles, pero deja mucho que desear en cuanto a capacidad de compasión y solidaridad. Estamos regidos por una caterva de políticos incapaces, buenos para nada, que hacen del analfabetismo bandera y de la villanía un modo de vida. Llegados a este punto, el futuro no se presenta nada halagüeño. Aún estamos a tiempo de recoger velas, de dirigir la nave entre todos hacia un buen puerto. El tiempo será nuestro juez y nuestro testigo.
miércoles, 11 de diciembre de 2019
La conferencia felona
La universidad de la Comunidad Autónoma Vasca (UPB-EHU) se ha cubierto de gloria. Para el
ínclito Unamuno, la universidad era un templo de la inteligencia; según la
mitología al uso; hoy la Universidad se convierte en templo de la depravación y
la abyección. Aunque no fuera cierto el “venceréis
pero no convenceréis” del rector de
la Universidad de Salamanca, dirigido a aquellos otros fascistas de entonces. Si
es cierto que estos fascistas de ahora, tampoco convencieron y además fueron
vencidos. Fueron derrotados por la democracia, la tolerancia, el respeto a los
derechos humanos. Todo lo contrario de lo que la banda mafiosa perpetró durante
años: asesinatos, torturas, secuestros, extorsiones, ejecuciones de civiles
indefensos, explosiones. La lista de felonías es inacabable y puede consultarse
en hemerotecas y libros que han estudiado el fenómeno del fascismo etarra y que,
no van a desaparecer, por más que políticos nefastos y demás mariachis,
practiquen con alevosía el actual postureo del blanqueo de la marca. Ahora la
universidad vasca trata de convertirse en la marca blanca del totalitarismo
ultraviolento de los supremacistas, dejando entrar en sus aulas como
conferenciante (lo cual es mucho afirmar) a un condenado por asesinar a dos
ciudadanos indefensos. El currículo de este fulano para presentarse en el lugar,
donde se forma la futura sociedad, como ilustre docente, se limita a un máster
en “muerte ajena sin riesgos propios”,
una titulación en “no-me-arrepiento”
y un doctorado en cinismo. Esta enorme
preparación pedagógica, debe de parecerles atractiva a los estudiantes que
acuden a esta “conferencia”. Jóvenes
que deberían sentirse insultados porque un pelele que no les llega ni a la
suela de los zapatos en conocimientos, les vaya a dar una charla (imaginen como
tendrán la cabeza ellos también). La intención de adoctrinamiento es elemental
y raya en la desvergüenza más absoluta. Ahora los que van a conferenciar a los
templos de la inteligencia, son los felones. Deberíamos analizar el grado de
deterioro moral de esta sociedad. No debemos olvidar que otro asesino de
extrema izquierda dio una conferencia en la Universidad de Salamanca. No existe
mayor ironía (en un mundo al revés) que escuchar a estos individuos hablando de
totalitarismos y fascismos (para mear y no echar gota). El surrealismo atroz
alcanza el grado de perversión. Los matadores hablando sobre la violencia de
otros. Los violentos destructores de vidas, departiendo sobre derechos que
ellos nunca respetaron. Habitamos una sociedad donde la insania se va
apoderando de lo cotidiano. Donde lo monstruoso se ha introducido de la mano de
los bienrollistas, los artesanos del
postureo y los que ven posibilidades políticas en arrodillarse y dejarse
sodomizar por el nazismo totalitario de estos verdugos. Es una verdadera
patología social que se va infiltrando (como todas las dictaduras)
soterradamente. Paso a paso. Quienes no respetaron el derecho a la vida ajena,
vienen a dar lecciones de derechos humanos. Y lo hacen con dinero público, con
la complicidad de los mariachis que deberían defender nuestra Constitución, que
deberían luchar por la democracia y la libertad. Pero prefieren ejercer de
feladores para delincuentes, con rodilleras y enjuague bucal. No es difícil
entender que haya todo un movimiento empeñado en blanquear a la organización
totalitaria. Todos los que sufrieron las torturas, secuestros y monstruosidades
del nazismo etarra, saben que no estaban solos los mercenarios de la pistola en
la nuca, los sicarios de la bomba a distancia. El entramado social que miraba
hacia otro lado, los del “algo habrán
hecho”. Los vecinos del “son buenos
chicos, yo conozco a su familia”. Todos ellos hoy quieren borrar de la
memoria su participación. Que mejor oportunidad que el blanqueo en las
instituciones y el olvido. Quizás ignoran que van a seguir existiendo cientos
de testimonios que narran las felonías, las masacres, las torturas de aquellos
verdugos sobre personas indefensas. Que hay libros donde se narran con detalle
cada aberración perpetrada por aquel terrible fascismo que sacudió durante años
las vidas de muchas personas. Nada de esto se va a olvidar. Al contrario.
Dentro de unos años, cuando todos estos campeones del postureo, todos estos
tibios, todos estos incapaces, hayan pasado a la historia, surgirán historiadores que revisarán este nefasto
periodo. Cada uno cargará con su culpa, la historia nos pone a cada uno en
nuestro sitio. Hechos tan vergonzantes como esta conferencia felona, pagada con
el dinero de todos, serán analizados como la anomalía que es. Como el intento
de adoctrinamiento totalitario de personajes que aún avivan los rescoldos de la
tiranía. Vivimos en un sistema garante de los derechos humanos y las
situaciones de los presos están perfectamente tipificadas en textos penales y
penitenciarios de los más avanzados. La situación de los presos de la banda
fascista es exactamente igual que la de cualquier otro delincuente. No son otra
cosa. No son una especie aparte para analizar, separándolos del resto de la
población reclusa. Es más, son aún peores. Porque entre personas que no han
tenido otro remedio que delinquir por situaciones humanas, entre enfermos y
patologías proclives al delito, ellos eligieron el mal y la depravación por
voluntad propia. Frente a la persona que comete un homicidio en un momento de
ofuscación, ellos eligieron vigilar durante meses (fríamente) a víctimas
indefensas. Quienes solicitan empatía, no tuvieron ninguna cuando ejercieron de
verdugos. Quienes solicitan derechos, pisotearon los derechos ajenos sin ningún
tipo de humanidad. Como ninguna empatía han tenido los organizadores de esta
defecación moral. Lacayos al servicio del extravío. Como no la han tenido
ninguno de los alumnos asistentes, que se insultan a sí mismos, escuchando a un
analfabeto que viene a ejercer de docente. Caiga la vergüenza sobre ellos. La
historia ya se encargará de colocar a cada uno en su sitio. No se va a olvidar.
No conseguirán ocultar la barbarie ejercida contra los derechos humanos y las
personas, ni las complicidades que la facilitaron.jueves, 16 de mayo de 2019
Impuesto de sucesiones. Bandolerismo de Estado
Calculen ustedes mismos:
Ciudadano que pasa toda una puñetera vida de sufridor; ahorrando unos pocos euros;
agobiado por sangrantes impuestos, aclarando sus deudas con el fisco canalla.
Al final de sus días no debe nada a nadie. Es suyo legalmente lo poco que
posee. Ganado con sufrimiento y honradez; particular bastante complicado en
este país de malandrines; cenutrios y picaresca varia. Continúa la fábula
cuando sus herederos reciben una extraña notificación acerca de un impuesto que
deben pagar. Debe tratarse de un error. “Estos buitres siempre acechando a los
ciudadanos honrados” -piensan inocentemente-. Niet. Para nada. Este dislate es
real. Ahora imaginen ustedes la cara a cuadros, la mandíbula desencajada y el
estupor del ciudadano. Los fulanos a los que ha votado para que defiendan sus
derechos, establecen una normativa por la cual le desvalijan de parte del
patrimonio ganado por el esfuerzo de toda la vida de tus mayores. Y que se lo
van a llevar por la patilla. Esta chorizada se denomina: Impuesto de Sucesiones
y; aunque es difícil de creer; se estila en sociedades anímicamente
tercermundistas. Este país, fértil en cantamañanas, ha consentido a las
autonomías la capacidad de decidir sobre la aplicación de unas leyes, extraídas
del mismísimo escroto. El ciudadano después de sopesar las posibilidades de
adquirir un Kalashnikov y realizar una visita de cortesía a estos gestores de
bienes ajenos, templa sus ánimos y piensa que la legalidad le dará la razón. Es
el instante en que comienza una enmarañada senda de mareos legales, que le
llevan al convencimiento de que está todo controlado para que pague por
gónadas. Y no hay nada que hacer. Además ¡tatachan!, el tiempo que mantenga la
reclamación le irán añadiendo intereses. Que no falte la guinda del pastel.
Imaginen ahora que los mentecatos que les desgobiernan, tienen capacidad
suficiente para eliminar esta felonía, y no lo hacen porque no les sale del
arco del triunfo. Vayan un poco más allá en este cuento de terror. Descubran
que las grandes fortunas se empadronan
en otras comunidades, con la intención de que sus herederos no paguen este
impuesto facineroso cuando llegue el, escasamente deseado, instante de su
óbito. Descubran también con estupor que es posible pedir una subvención para
crear una empresa en una Comunidad y tributar después en Villaprepucio de
Arriba. Si esta pensando otra vez en el Kalashnikov o alguna modalidad de bomba
casera, modérese. Usted es persona honrada y su función principal es la de
alimentar a políticos corruptos, picaresca urbana y defraudadores varios. Sirvamos,
pues, de sustento a toda la peña de mafiosos, chorizacos electos y medradores
que le rodean. Es lo que hay. Además esta aportación involuntaria se
aprovechará para mejorar las infraestructuras, que no hay más que mirar para
ver las instalaciones tan acojonantes que tenemos y lo bien que funciona todo.
Siéntase un ciudadano útil alimentando a la cohorte de sanguijuelas que le
corresponde como cupo. Llénese de gozos y albricias con la esperanza de que
este tipo de bellaquerías desaparezca. Quizá algún día, podamos evolucionar
desde nuestra Atapuerca particular, para entrar en un estado moderno de
Derecho. Hasta entonces, esto es lo que hay.
Nosotros a pagar. Ellos a trincar…viernes, 27 de abril de 2018
La Puta Manada
lunes, 19 de marzo de 2018
Elegía a Juan María Robles Febré
martes, 6 de febrero de 2018
Lo Chanante no mola en Los Goya
jueves, 18 de enero de 2018
AGOREROS Y VOCINGLEROS
miércoles, 17 de enero de 2018
Alcohólicos de fin de semana
Bebo para olvidar. Esta la frase;
extraída de un reportaje televisivo; la pronuncia un joven que carece de
biografía para tales menesteres. No es ésta, precisamente, una generación de
postguerra, que haya tenido que luchar para sobrevivir, sacarle los dientes a la
vida y ganarse palmo a palmo su lugar en el mundo. Quizá esta sea la raíz del problema.
Se han criado entre algodones. Rodeados de caprichos y ultimas tecnología, sin
hacer ningun merito para recibir todo lo que deseaban a cambio de esfuerzo. Son
la generación de gratis, a la que
todo le ha venido dado por unos padres a tiempo parcial, temerosos de poner
fronteras, incapaces de delimitar dónde empieza y termina la libertad. Quizá la
culpa sea de todos, cada vez delegando más nuestras obligaciones en la
videoconsola de turno o el teléfono móvil, para que no den la brasa, en lugar
de acercarnos al diálogo. Y los miembros de la generación de la comunicación,
están cada vez más sólos en sus redes
asociales, influenciados por la cantidad de capullos y carne de siquiatra
que abundan en esos foros. Navegan sin conocimiento de sus padres, sin una guía
que les diga dónde están las fronteras de la conducta, sin filtros basados en
la experiencia. Tienen; por toda orientación; los comentarios y opiniones de
otros personajes tan desnortados como ellos. Nunca se ha estado tan sólo
teniendo tantos alrededor. Nunca tan incomunicados teniendo la aldea global al
alcance de sus dedos. Operación Triunfo
viernes, 15 de diciembre de 2017
Marcarse un Iceta
Pudo
ocurrir en cualquier comunidad de vecinos de nuestro pluricultural y multiideológico
país. Una comunidad de vecinos que se reúne para entregar llaves al siguiente
presidente. Un vecino que presenta una serie de excusas (trabajo, edad, etc.)
con el noble intento de evadirse de marrón. Otro vecino que alega que no puede
pagar las cuotas, “a ver si es posible que le condonen las deudas”. Bla, bla,
bla. Aquí, ese gracejo que tenemos en la piel de toro para todo; menos para
trabajar y tomarnos las cosas en serio; que surge de la boca del vecino humorista:
Hombre vosotros lo que queréis es marcaros
un “Iceta”. Una vez superado lo anecdótico, subsiste la sangrante realidad.
Un servidor público que pretende robarle al resto del país todo aquello a que
tienen derecho, con una clara finalidad política, para medrar en la comunidad
autónoma donde milita. ¿Se habrá preguntado este personaje las consecuencias de
condonar esa deuda para el resto de los españoles? Absolver la deuda en una
comunidad de malandrines, que durante años se han estado calentando el bolsillo
con el impuesto mafioso del 3%, supondría la perdida de muchos derechos de los
ciudadanos. ¿Habrá calculado este servidor público cuantos hospitales, cuanta
inversión en educación, cuanta calidad de vida se estaría robando a
trabajadores honrados para perdonar el despilfarro de malos gestores? ¿Habrá echado
cuentas este servidor del pueblo de los gastos ocasionados por la sanjurjada independentista? ¿Cuánto dinero
se ha perdido en la campaña para la sublevación? ¿Cuanto material destruido por
las hordas radicales que soltaron en las calles? ¿Cuánto gasto de mantenimiento
de cuerpos policiales? Todos estos cargos también han sido ocasionados al resto
de los españoles por la surrealista sedición de Puigdemont y sus mariachis. Un paraíso
donde esa misma burguesía que apoya el procés desde la sombra, practicaba la
corrupción con beneplácito y bula papal de sus socios, que hacían la vista
gorda. ¿Es Iceta, pues, un iluminado más de esta nueva hornada política o tan
sólo un bocachancla con ansías mediáticas? El dislate es de tal tamaño, moral y
socialmente, que sólo desde la pútrida perspectiva
electoralista podría encontrarse una motivación, por misérrima que fuese. Que
el resto de ciudadanos les pague a los derrochadores del tripartito y su troupe
circense, el dinero que se embolsaron ilegalmente durante décadas. Que le
saquemos las castañas del fuego a las élites mafiosas que se han beneficiado
antes; y seguirían beneficiándose; del malogrado procés. Cualquier paso en
adelante favorecería a los de siempre, los que están forrándose el bolsillo y
todo volvería a ser como antes (practicas mafiosas incluidas). No hay más que
ver el apego que estos revolucionarios de salón le tienen a la poltrona. La
posibilidad de perder nómina y prebendas, convirtió a los insurrectos en profundos
creyentes del artículo 155. Solo faltó besamanos y Vía Crucis ante la
Constitución. Poderoso caballero es Don Dinero que convierte a los, antaño
defensores numantinos, dispuestos a llegar al suicidio colectivo antes que
esclavos, en patéticos “caganets” que firmarían hasta la muerte de Manolete
para no perder de vista el cheque que le pagan el resto de españoles. Vergüenza
torera. lunes, 11 de diciembre de 2017
I Love , artículo 155
martes, 14 de noviembre de 2017
Chiquito, que estas en la Pradera…
The Extraordinary Tale. 2013
Título original The Extraordinary Tale of the Times Table Año 2013 Duración 79 min. País España Director José F. Ortuño , Lau...
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Se nos ha ido uno de los grandes. Se ha marchado con ese silencio humilde y sin estridencias...
-
La primera vez que lo vi, me pareció un maikeljakson desvencijado o un paciente aquejado de ...




















