Calculen ustedes mismos:
Ciudadano que pasa toda una puñetera vida de sufridor; ahorrando unos pocos euros;
agobiado por sangrantes impuestos, aclarando sus deudas con el fisco canalla.
Al final de sus días no debe nada a nadie. Es suyo legalmente lo poco que
posee. Ganado con sufrimiento y honradez; particular bastante complicado en
este país de malandrines; cenutrios y picaresca varia. Continúa la fábula
cuando sus herederos reciben una extraña notificación acerca de un impuesto que
deben pagar. Debe tratarse de un error. “Estos buitres siempre acechando a los
ciudadanos honrados” -piensan inocentemente-. Niet. Para nada. Este dislate es
real. Ahora imaginen ustedes la cara a cuadros, la mandíbula desencajada y el
estupor del ciudadano. Los fulanos a los que ha votado para que defiendan sus
derechos, establecen una normativa por la cual le desvalijan de parte del
patrimonio ganado por el esfuerzo de toda la vida de tus mayores. Y que se lo
van a llevar por la patilla. Esta chorizada se denomina: Impuesto de Sucesiones
y; aunque es difícil de creer; se estila en sociedades anímicamente
tercermundistas. Este país, fértil en cantamañanas, ha consentido a las
autonomías la capacidad de decidir sobre la aplicación de unas leyes, extraídas
del mismísimo escroto. El ciudadano después de sopesar las posibilidades de
adquirir un Kalashnikov y realizar una visita de cortesía a estos gestores de
bienes ajenos, templa sus ánimos y piensa que la legalidad le dará la razón. Es
el instante en que comienza una enmarañada senda de mareos legales, que le
llevan al convencimiento de que está todo controlado para que pague por
gónadas. Y no hay nada que hacer. Además ¡tatachan!, el tiempo que mantenga la
reclamación le irán añadiendo intereses. Que no falte la guinda del pastel.
Imaginen ahora que los mentecatos que les desgobiernan, tienen capacidad
suficiente para eliminar esta felonía, y no lo hacen porque no les sale del
arco del triunfo. Vayan un poco más allá en este cuento de terror. Descubran
que las grandes fortunas se empadronan
en otras comunidades, con la intención de que sus herederos no paguen este
impuesto facineroso cuando llegue el, escasamente deseado, instante de su
óbito. Descubran también con estupor que es posible pedir una subvención para
crear una empresa en una Comunidad y tributar después en Villaprepucio de
Arriba. Si esta pensando otra vez en el Kalashnikov o alguna modalidad de bomba
casera, modérese. Usted es persona honrada y su función principal es la de
alimentar a políticos corruptos, picaresca urbana y defraudadores varios. Sirvamos,
pues, de sustento a toda la peña de mafiosos, chorizacos electos y medradores
que le rodean. Es lo que hay. Además esta aportación involuntaria se
aprovechará para mejorar las infraestructuras, que no hay más que mirar para
ver las instalaciones tan acojonantes que tenemos y lo bien que funciona todo.
Siéntase un ciudadano útil alimentando a la cohorte de sanguijuelas que le
corresponde como cupo. Llénese de gozos y albricias con la esperanza de que
este tipo de bellaquerías desaparezca. Quizá algún día, podamos evolucionar
desde nuestra Atapuerca particular, para entrar en un estado moderno de
Derecho. Hasta entonces, esto es lo que hay.
Nosotros a pagar. Ellos a trincar…jueves, 16 de mayo de 2019
Impuesto de sucesiones. Bandolerismo de Estado
Calculen ustedes mismos:
Ciudadano que pasa toda una puñetera vida de sufridor; ahorrando unos pocos euros;
agobiado por sangrantes impuestos, aclarando sus deudas con el fisco canalla.
Al final de sus días no debe nada a nadie. Es suyo legalmente lo poco que
posee. Ganado con sufrimiento y honradez; particular bastante complicado en
este país de malandrines; cenutrios y picaresca varia. Continúa la fábula
cuando sus herederos reciben una extraña notificación acerca de un impuesto que
deben pagar. Debe tratarse de un error. “Estos buitres siempre acechando a los
ciudadanos honrados” -piensan inocentemente-. Niet. Para nada. Este dislate es
real. Ahora imaginen ustedes la cara a cuadros, la mandíbula desencajada y el
estupor del ciudadano. Los fulanos a los que ha votado para que defiendan sus
derechos, establecen una normativa por la cual le desvalijan de parte del
patrimonio ganado por el esfuerzo de toda la vida de tus mayores. Y que se lo
van a llevar por la patilla. Esta chorizada se denomina: Impuesto de Sucesiones
y; aunque es difícil de creer; se estila en sociedades anímicamente
tercermundistas. Este país, fértil en cantamañanas, ha consentido a las
autonomías la capacidad de decidir sobre la aplicación de unas leyes, extraídas
del mismísimo escroto. El ciudadano después de sopesar las posibilidades de
adquirir un Kalashnikov y realizar una visita de cortesía a estos gestores de
bienes ajenos, templa sus ánimos y piensa que la legalidad le dará la razón. Es
el instante en que comienza una enmarañada senda de mareos legales, que le
llevan al convencimiento de que está todo controlado para que pague por
gónadas. Y no hay nada que hacer. Además ¡tatachan!, el tiempo que mantenga la
reclamación le irán añadiendo intereses. Que no falte la guinda del pastel.
Imaginen ahora que los mentecatos que les desgobiernan, tienen capacidad
suficiente para eliminar esta felonía, y no lo hacen porque no les sale del
arco del triunfo. Vayan un poco más allá en este cuento de terror. Descubran
que las grandes fortunas se empadronan
en otras comunidades, con la intención de que sus herederos no paguen este
impuesto facineroso cuando llegue el, escasamente deseado, instante de su
óbito. Descubran también con estupor que es posible pedir una subvención para
crear una empresa en una Comunidad y tributar después en Villaprepucio de
Arriba. Si esta pensando otra vez en el Kalashnikov o alguna modalidad de bomba
casera, modérese. Usted es persona honrada y su función principal es la de
alimentar a políticos corruptos, picaresca urbana y defraudadores varios. Sirvamos,
pues, de sustento a toda la peña de mafiosos, chorizacos electos y medradores
que le rodean. Es lo que hay. Además esta aportación involuntaria se
aprovechará para mejorar las infraestructuras, que no hay más que mirar para
ver las instalaciones tan acojonantes que tenemos y lo bien que funciona todo.
Siéntase un ciudadano útil alimentando a la cohorte de sanguijuelas que le
corresponde como cupo. Llénese de gozos y albricias con la esperanza de que
este tipo de bellaquerías desaparezca. Quizá algún día, podamos evolucionar
desde nuestra Atapuerca particular, para entrar en un estado moderno de
Derecho. Hasta entonces, esto es lo que hay.
Nosotros a pagar. Ellos a trincar…viernes, 27 de abril de 2018
La Puta Manada
Como si esta realidad en que agonizamos no fuera por sí misma
un lugar lo suficientemente oscuro y doloroso, se encarga cotidianamente de regalarnos
unas cuantas patadas en las gónadas para aumentar su inhabitabilidad, aportando deyecciones
humanas que aumenten el nivel de infamia y de bellaquería con el que tenemos que
convivir. El dislate de la sentencia sobre el caso de la manada bellaca ha
puesto en la calle a los ciudadanos, con un claro mensaje para las
instituciones acerca de unas leyes obsoletas, llenas de flecos, a años luz de
la realidad social. Si además están tamizadas por el carácter del sentenciador,
su visión particular de la humanidad y su cosmovisión personal; aviáos andamos; (que dirían en mi
pueblo). La lectura de los hechos probados provoca la nausea y un cierto
resquemor hacia la humanidad. ¿Cómo es posible que un grupo de personas se unan
para copular como simios; a pantalón bajado; incluso si existiera
consentimiento de la otra persona? ¿En qué clase de mundo se perdieron la ética
y la estética para grabar semejantes sevicias? ¿Cuando la barbarie deviene en acto festivo y lúdico? ¿Qué
sociedad depravada crea individuos grotescos, capaces de fornicar como neandertales
en presencia de otros que les jalean? Y todo esto suponiendo consentimiento.
Todo lo que se salga de ese parámetro, es flagrante delito, violencia sin
límites, humillación y un desprecio al dolor ajeno, que solicita un alto grado
de psicopatía en los actuantes. Sólo unos psicópatas pueden hacer alarde y
jactarse de vejaciones hacia otro ser humano indefenso o en situación de temor.
Algunas de las líneas de la sentencia parecer estar escritas por un alumno de “Máster” en
porno sadomaso. No hay otro modo de manejar
esa precisión en la interpretación de gestos y actitudes, en la traducción del
lenguaje corporal y un conocimiento profundo del mundo de los gemidos, que nadie
con un mínimo de luces se atrevería a valorar. Hay que tener un alto grado de discernimiento
(y muchas tablas) para percibir con certeza sonidos de “excitación sexual”, sin
ningún otro atisbo de disgusto o negativa ¡Nivelazo! El concepto de jolgorio y
regocijo del auto judicial es disímil con el que posee sobre ese particular el resto de
la humanidad. Por otra parte, se manifiesta desde ciertos medios, el presunto
acatamiento que debe el ciudadano a las sentencias judiciales. Va a ser que no.
Quienes se mueven en estos predios conocen de sobra el surrealismo y el despropósito
de algunas sentencias que parecen salidas de alguna publicación “pulp” en lugar
de un pensamiento racional de un bípedo evolucionado. La justicia española ha
perdido la oportunidad de utilizar esta sentencia como preventivo (más vale
prevenir que lamentar) de convertirla en aviso para navegantes y para las otras
putas manadas que; desgraciadamente; surgirán en el futuro. La levedad de la
sentencia permitirá que estos especímenes; sin prisión revisable; pisen de
nuevo la calle en cuatro o cinco años (tirando por lo alto) y sin haber
realizado ningún curso o programa de rehabilitación. Si además están apoyados
por familiares o allegados, que niegan la mayor, y consideran injusta la
sentencia, y se mueven en un entorno donde no les afearán los hechos, en poco tiempo
se habrán olvidado de la víctima. Que se
entretenga la sentencia en el delito de hurto, cuando se encuentran ante una inusitada
violencia soterrada que no precisa de golpes, ni de fuerza eficaz, ya que las
vejaciones, sevicias y violencia internas paralizan a la víctima, es poco menos
que patético. Que se manifieste que la resistencia no ha sido suficiente cuando
el terror que producen unos simios psicopáticos, que cierran la salida y rodean
con superioridad, premeditación, alevosía, intimidación y desproporción,
paralizaría incluso a un hombre. Que no se haya tenido en cuenta que las
violentas invasiones corporales han sido realizadas sin protección profiláctica por unos
desconocidos, y que a sus séñorías este particular les pueda parecer relaciones “normales” (y
elegidas por la víctima), con el consiguiente riesgo de contraer una enfermedad en medio del “jolgorio”. Resulta terrible que este agravante no
haya sido tenido en cuenta, ya que pone en peligro la salud de la
víctima. Si estas son las sentencias ajustadas al derecho vigente, es patente
la necesidad de actualizar dicho derecho a la realidad.
Como si no fuera bastante nauseabundo el hecho de tener que
ejercer de defensor de los primates, el abogado se burla de la opinión de quienes
“han estudiado judicatura por Twitter”. Como si fuera necesario llevar una toga
para imaginar el dolor, la impotencia, la humillación, el desprecio, el pánico inhabilitador,
el terror helador, la terrible sensación de que te manipulen y vulneren tu
cuerpo unos homínidos para divertirse. La nausea de que te utilicen para
satisfacer sus instintos pervertidos quienes se creen fuera de alcance de la
justicia. No, caballero, no hace falta
estudiar judicatura para poder suponer todo esto y ponerse en lugar de la víctima.
Tan sólo hay que ser profundamente humano. Una característica que en esta sentencia
heteropatriarcal, jurásica y nefasta, brilla por su ausencia. La función social
de la pena como prevención general del delito habrá que ir a buscarla a otra
parte. En cuanto a la reinserción, tres cuartos de lo mismo. Sin conciencia de
delito y sin que el entorno social del penado apoye la condena, simplemente
será inexistente.
lunes, 19 de marzo de 2018
Elegía a Juan María Robles Febré
Cuando conocía A Juan María
Robles Febré aún me encontraba en esa edad frutal en la que el mundo es una
promesa constante y llena de aventuras. Para nosotros, alumnos imberbes del
Colegio Merino, aquel señor vestido de clériman gris nos pareció bastante serio
y lejano. La asignatura era Literatura y cuando pensábamos que iba a comenzar a
leernos algún retazo de Pío Baroja o a explicar la literatura Medieval, extrajo
de su cartera un libro desconocido, pero que; en mi caso; supuso un
acercamiento a algo hasta entonces nunca disfrutado: la poesía latente y
directa. Porque los versos de aquel “Poema
de las Dos Orillas” que Juan María nos recitaba, ya contenían todo el fuego
místico, toda la pasión por el hombre y lo divino que desarrollaría en su obra
posterior. Después estuve a su lado, como tantos otros, en los grupos católicos
que organizó para jóvenes. Las circunstancias pusieron una larga temporada por
medio y cuando volví a encontrar a Juan María, andaba metido en sus aventuras
de “Cuadernos Poéticos”. Con increíble memoria me recordó las notas que me
otorgaba en los trabajos literarios (todavía guardo algunas redacciones y
poemas como prueba), donde siempre sacaba un diez, sin falsa modestia.
En
alguna ocasión, incluso llegó a dudar de su autoría, hasta que mi don de gentes
y bonhomía (je,je), le convencieron de que todo aquello había surgido de mi
cacumen. Con gracia choquera me ofreció formar parte de la colección Kilys. Fue entonces cuando descubría la
labor incansable que llevaba a cabo para sacar adelante un género ciertamente
esquinado para las editoriales. El trabajo y el fervor que ponía para sacar
adelante la obra de otros, era tan intenso como el fuego místico de sus versos.
La humana búsqueda de patrocinadores, la búsqueda de imprentas, la esgrima
verbal con los aspirantes a ser publicados, no estaba reñida con su labor literaria
dedicada a más altos menesteres. La obra poética de Juan María Robles ha sido
analizada, seleccionada y estudiada. Poco puedo aportar, salvo este recuerdo de
un poeta que consiguió crear un círculo literario estable y sirvió de
plataforma a tantos, que ahora están donde están, gracias al empuje de este
incansable onubense, pacense de adopción. Los que compartimos con él no solo su
pasión literaria sino su vocación vital en el asilo de ancianos y los diversos
grupos juveniles que coordinó, conocimos otra faceta mucho menos literaria,
mucho más humana e intensa. Alguna institución debería rescatar y recopilar la
obra de este clásico moderno que no está sujeta a modas ni veleidades
terrenales. Su vida y su obra se funden de tal manera que son una. La
literatura extremeña tiene mucho que agradecer a la iniciativa y la pasión de
un hombre que vivió entre “las dos orillas”.
martes, 6 de febrero de 2018
Lo Chanante no mola en Los Goya
El
refranero español posee diversas referencias sobre situaciones propicias,
lugares adecuados y oportunidad escénica. Del consabido”Zapatero a tus zapatos” (que también nos valió para la política) a “Cada Maestrillo tiene su Librillo” o lo
que viene siendo en Román Paladino: Cá uno
p´a lo suyo”. El espectáculo ofrecido por los humoristas Joaquín Reyes y
Ernesto Sevilla es de difícil clasificación. Sería cómodo tildarlo de
surrealista, ejercicio de estilo de minimalismo intelectual o alguna otra
chorrada postmoderna. La triste realidad es que fue un ejercicio de absurdo
coyuntural, rozando lo infumable. Vergüenza ajena provocaba el erróneo guión
de este pestiño; aunque los humoristas aseguran que la Academia censuró el
original; por lo que nunca podremos saber que niveles hubiera alcanzado el
nonato. Tiempos muertos innecesarios, situaciones de vergüenza torera, malestar
entre los actores; que no sabían si tocaba reír o salir corriendo; debido a las
erróneas líneas de un guión, escasamente inteligente, que parecía sacado de una
túrmix donde hubieran batido todas las chorradas a voleo. La culpa no es en
absoluto de los humoristas. Ellos tienen su humor y sus seguidores. Claramente
el formato no es el más apropiado para este tipo de espectáculos. ¿Imaginan
Faemino y Cansado haciendo los honores? Ciertamente nadie se partió el culo,
como anunciaba pomposamente Ernesto Sevilla. Los momentos de malestar en el
ambiente se mascaban entre los presentes. Y fueron demasiados. Todavía queda
mucho camino para llevar esta gala a los niveles que merece el cine español. El
epílogo; con ese pie aplastando a los presentadores; ignoro si fue un alivio
para el público. ¿Homenaje a los Monty Python? No, una defecación como un
castelo, que hizo añorar una maestra de ceremonias del nivel de Rosa María
Sarda; un animal escénico; que llevó a recordar al versátil Paco León, a la inteligente
acidez de Buenafuente o la profesionalidad de Eva Hache y ¿por qué no?, incluso
sentir nostalgia de Resines o Dani Rovira
presentando esta “fiesta del absurdo español”. Si hubiera que definir esta
gala, una de las actrices; Leticia Dolera; les regaló una descripción palmaria
y certera de lo que allí se estaba perpetrando:
-“Os está quedando un campo de nabos feminista
precioso”
Ahí
queda eso…
jueves, 18 de enero de 2018
AGOREROS Y VOCINGLEROS
Nos rodean por doquier. Ellos siguen a lo suyo. El
agorero haciendo gala permanente de la imparcialidad y tolerancia que le
caracteriza. Ofreciendo castigos divinos cuando no salgan a flote los de su
cuerda. Temibles plagas, escasamente bíblicas, que amenazarán la sociedad en el
supuesto de que otras opciones ideológicas, que no sean de su palo, resulten
elegidas por los ciudadanos. El vocinglero es un ente más nefasto, si cabe.
Falto de lectura, nadie le informó de la villanía y parcialidad que toda
ideología conlleva en su génesis. Cualquier convicción, religión, filosofía o
doctrina es excluyente o intolerante por naturaleza (moléstense en leer
libros), incluidas las redentoras creencias del vocinglero. La génesis de una
ideología se origina, basada en la exclusión y división del mundo, entre ellos (poseedores de la razón) y los otros.
Pero el vocinglero erre que erre. Continúa vendiendo a
destajo una utópica moto. Alabando los
beneficios sinnúmero que otorgará la aplicación de su dogma al ser humano,
cuando todos lo sigan ciegamente (previa destrucción de los credos ajenos).
Nadie le ha explicado al cenutrio el ocaso de las doctrinas. Nunca visitó una
biblioteca para descubrir la destrucción y el dolor que los axiomas ideológicos
han provocado en la humanidad. El
vocinglero es poseedor de una visión de túnel, y su entorno conceptual es el de
una mula torda con anteojeras, dando vueltas eternamente a la noria, Los teorizantes
con frecuencia suelen ser personajes con una cierta querencia por la molicie y
la bohemia. Desertores del arado, que en
lugar de dedicar sus ocios al esfuerzo, eligen concentrarse en elaborar tesis y
teorías peregrinas, para joder masivamente a la humanidad. Aplicando la estadística
a la causalidad de todas las miserias, guerras y barbaridades perpetradas en la
historia, se descubre que detrás de cada una de ellas, siempre andaban uno o
varios de estos esperpentos. Filosofando y adoctrinando masas, como es mandado.
Sin obviar motivos económicos paralelos (o de otro cariz); han sido los credos pergeñados
por aquestos fantoches, las razones motoras que han separado o desgarrado a la
humanidad. Toda doctrina nace perversa en si misma, dado que para su
preeminencia ha de aplastar, ignorar y oponerse a los que piensan de manera
distinta.
Todo credo es excluyente e intolerante por naturaleza. No nos dejemos
engañar. Su aplicación práctica deviene germen de fanatismo y grisura
intelectual. Al vocinglero y al agorero, estos menesteres se les antojan escasamente
importantes. Encerrados en su capsula del tiempo, siguen con su melodía añeja,
sin detectar que ese disco, y la ranciedad de sus propuesta ya están rayados
hace tiempo. El agorero, seguirá predicando en el desierto las consecuencias
nefastas para la sociedad, si ésta no secunda sus dogmas mesiánicos y
sectarios. Para el vocinglero, apenas existe redención. Es del tipo de fulano
que; cuando es conducido por las fuerzas represoras en un autobús; para ser almacenado
en un estadio de fútbol; o acompañado amablemente por sus camaradas a un oscuro
sótano para sacarle brillo en el lomo, va cantando por el camino aquello de: ¡Que buenos son. Que buenos son, que nos
llevan de excursión! Patético.
miércoles, 17 de enero de 2018
Alcohólicos de fin de semana
Bebo para olvidar. Esta la frase;
extraída de un reportaje televisivo; la pronuncia un joven que carece de
biografía para tales menesteres. No es ésta, precisamente, una generación de
postguerra, que haya tenido que luchar para sobrevivir, sacarle los dientes a la
vida y ganarse palmo a palmo su lugar en el mundo. Quizá esta sea la raíz del problema.
Se han criado entre algodones. Rodeados de caprichos y ultimas tecnología, sin
hacer ningun merito para recibir todo lo que deseaban a cambio de esfuerzo. Son
la generación de gratis, a la que
todo le ha venido dado por unos padres a tiempo parcial, temerosos de poner
fronteras, incapaces de delimitar dónde empieza y termina la libertad. Quizá la
culpa sea de todos, cada vez delegando más nuestras obligaciones en la
videoconsola de turno o el teléfono móvil, para que no den la brasa, en lugar
de acercarnos al diálogo. Y los miembros de la generación de la comunicación,
están cada vez más sólos en sus redes
asociales, influenciados por la cantidad de capullos y carne de siquiatra
que abundan en esos foros. Navegan sin conocimiento de sus padres, sin una guía
que les diga dónde están las fronteras de la conducta, sin filtros basados en
la experiencia. Tienen; por toda orientación; los comentarios y opiniones de
otros personajes tan desnortados como ellos. Nunca se ha estado tan sólo
teniendo tantos alrededor. Nunca tan incomunicados teniendo la aldea global al
alcance de sus dedos.
Bebo para olvidar. Tal vez. Y para sentirte aceptado por
una masa anónima a la que no le importas realmente. Para formar parte de una
tribu. Para sentirse mayor. Para, ni se sabe. La destrucción del hígado y las
neuronas comienza cada vez a edad más temprana y el intento de ser aceptado, o
de ser legal, está llevándose las células
hepáticas en el intento. Cualquier forma de socialización requiere como
intermediario el alcohol, excusa para
romper unas barreras que realmente no existen. Las adicciones y el desapego del
entorno comienzan cuando para contestar al interlocutor, ya no levantan los
ojos de la pantalla, en lugar de buscar los del otro. En unos años habremos
perdido los gestos y actitudes desarrollados por la especie para
intercomunicarse, ahogados en las pantallas de teléfonos y demás gadget. Los científicos dicen que en los próximos años el planeta ira subiendo la
temperatura unos grados. Ignoran que los grados van a ser de alcohol.
Operación Triunfo
Alienta
una corriente entre los acólitos del
postureo cerril y los perpetradores de una cierta progresía casposa, cuyo
objetivo es atacar o denigrar por norma todo aquello que no está acogido a sus
parámetros jurásicos o sus serviles doctrinas. Nada escapa al ojo de Gran
Hermano de los inquisidores contemporáneos, ya sea en literatura, cine, música
o cualesquiera de las opciones creativas humanas. Los “posturitas” básicamente
tratan de mancillar lo ajeno o acometer; como desnortados quijotes; los molinos
de viento de aquellas facetas de la cultura el arte o la comunicación, que (en
Román Paladino) no sean de su cuerda. El
siguiente paso es previsible (como lo son ellos por naturaleza). Se trata de
proponer a cambio una reala de ilustres representantes de su ideología en
alguna de estas variedades, previa descalificación de quienes no comulguen con
sus sectarismos. Los parámetros utilizados tienen escasa relación con la
calidad, la técnica o el nivel artístico de lo embestido, ya que la visión de
túnel impide una opinión racional y (en la mayoría de los casos), el
analfabetismo vocacional de sus dogmas, les paraliza para acceder a campos de conocimientos
técnicos o específicos donde opinar con discernimiento.
Cualquier
huerta es fértil para los talibancillos culturales. Ya sea un comunicador, que
les convida a un zasca tras otro; como regalo a su estulticia latente; un
escritor que les destapa sus cloacas intelectuales o un género musical que no
sirva a su militancia impostada.
Uno
de los programas más atacados por el postureo intelectual es el concurso “Operación Triunfo”. Los adjetivos
acuñados para simular una patina intelectual (entre birra y birra) son “hortera”,
“karaoke” o “interpretes robotizados”. A continuación el “posturitas” ofrecerá
a cambio un listado de artistas afines a su universo zascandil. La mayoría
serán casi desconocidos para los tertulianos (por razones obvias). Otros
pertenecerán a ese estilo musical perpetrado con el orto (música intestinal),
cuyos interpretes parecen aquejados de algún episodio epiléptico o emiten
sonidos regurgitantes, navegando su estilo entre el asco y la nausea. El mayor
ataque que recibe este programa, es el apoyo mediático y comercial que tienen
los participantes. Pero si en esos menesteres, precisamente, se basan estos
concursos ¡Almas de cántaro! No en promocionar a tus amiguetes o a los artistas
que a ti te molan. Como en cualquier acto televisivo, el objetivo de la inversión
es el impulso, la obtención del mayor beneficio posible, ya sea un concurso de
música, de punto de cruz o de cría de aves de corral. Los dardos de estos
revolucionarios de salón apenas se dirigen hacia otros programas con vocación
de enema. Aquí manifiestan escasa o nula memoria. Bellaquerías mediáticas donde
el mensaje que se envía es el de concursantes practicando el fornicio simiesco
bajo un edredón, la visión de un mercado de ganado humano con gañanes en celo
olfateando las feromonas de hembras/florero, que ofrecen como mercancía sus
escasas entendederas, o realitys donde adanes y evas despelotados practican “á
poil” un ridículo cortejo cavernícola, con las verijas al viento. Como decretan
las buenas costumbres. Les intranquiliza en exceso a estos torquemadas
mediáticos, un programa pleno de esfuerzo, trabajo, compañerismo, con un claro
mensaje: alcanzar una meta requiere constancia y sacrificios. ¿Qué interpretan
canciones de otros intérpretes? No pensará el iluso insurrecto de guardarropía,
que van a pagar una pléyade de compositores para crear obras nuevas en cada
programa. Por otra parte, los autores de dichas canciones se encuentran
encantados con performances que devengan unos derechos de autor suculentos. Estos
defensores de causas perdidas dan en hueso con todas sus críticas. Incluso
algunos profesionales de los que visitan
la Academia, aprovechando la proyección mediática del programa, confiesan en un
ejercicio de humildad (bastante infrecuente en este país de egos), que no
hubieran superado las primeras audiciones. Si hay algo indiscutible, es que
algunas de las voces que pasan por este concurso superan en calidad a muchas de
las que están en el mercado. Cuando los anatemas proceden del conocimiento técnico
o de profundos juicios, basados en datos, se puede discutir o dialogar sobre
ellos. Cuando nacen del adoctrinamiento más rancio, aquel que anhela derrumbar
todos los edificios que no concuerdan con su troglodita concepto
arquitectónico, tan sólo merecen el regalo del ninguneo y el desdeño. De ahí, a
calificar cierto arte como “degenerado” y hacer piras con libros que no
contengan lo que ellos predican, tan sólo hay un paso. Al tiempo.
viernes, 15 de diciembre de 2017
Marcarse un Iceta
Pudo
ocurrir en cualquier comunidad de vecinos de nuestro pluricultural y multiideológico
país. Una comunidad de vecinos que se reúne para entregar llaves al siguiente
presidente. Un vecino que presenta una serie de excusas (trabajo, edad, etc.)
con el noble intento de evadirse de marrón. Otro vecino que alega que no puede
pagar las cuotas, “a ver si es posible que le condonen las deudas”. Bla, bla,
bla. Aquí, ese gracejo que tenemos en la piel de toro para todo; menos para
trabajar y tomarnos las cosas en serio; que surge de la boca del vecino humorista:
Hombre vosotros lo que queréis es marcaros
un “Iceta”. Una vez superado lo anecdótico, subsiste la sangrante realidad.
Un servidor público que pretende robarle al resto del país todo aquello a que
tienen derecho, con una clara finalidad política, para medrar en la comunidad
autónoma donde milita. ¿Se habrá preguntado este personaje las consecuencias de
condonar esa deuda para el resto de los españoles? Absolver la deuda en una
comunidad de malandrines, que durante años se han estado calentando el bolsillo
con el impuesto mafioso del 3%, supondría la perdida de muchos derechos de los
ciudadanos. ¿Habrá calculado este servidor público cuantos hospitales, cuanta
inversión en educación, cuanta calidad de vida se estaría robando a
trabajadores honrados para perdonar el despilfarro de malos gestores? ¿Habrá echado
cuentas este servidor del pueblo de los gastos ocasionados por la sanjurjada independentista? ¿Cuánto dinero
se ha perdido en la campaña para la sublevación? ¿Cuanto material destruido por
las hordas radicales que soltaron en las calles? ¿Cuánto gasto de mantenimiento
de cuerpos policiales? Todos estos cargos también han sido ocasionados al resto
de los españoles por la surrealista sedición de Puigdemont y sus mariachis. Un paraíso
donde esa misma burguesía que apoya el procés desde la sombra, practicaba la
corrupción con beneplácito y bula papal de sus socios, que hacían la vista
gorda. ¿Es Iceta, pues, un iluminado más de esta nueva hornada política o tan
sólo un bocachancla con ansías mediáticas? El dislate es de tal tamaño, moral y
socialmente, que sólo desde la pútrida perspectiva
electoralista podría encontrarse una motivación, por misérrima que fuese. Que
el resto de ciudadanos les pague a los derrochadores del tripartito y su troupe
circense, el dinero que se embolsaron ilegalmente durante décadas. Que le
saquemos las castañas del fuego a las élites mafiosas que se han beneficiado
antes; y seguirían beneficiándose; del malogrado procés. Cualquier paso en
adelante favorecería a los de siempre, los que están forrándose el bolsillo y
todo volvería a ser como antes (practicas mafiosas incluidas). No hay más que
ver el apego que estos revolucionarios de salón le tienen a la poltrona. La
posibilidad de perder nómina y prebendas, convirtió a los insurrectos en profundos
creyentes del artículo 155. Solo faltó besamanos y Vía Crucis ante la
Constitución. Poderoso caballero es Don Dinero que convierte a los, antaño
defensores numantinos, dispuestos a llegar al suicidio colectivo antes que
esclavos, en patéticos “caganets” que firmarían hasta la muerte de Manolete
para no perder de vista el cheque que le pagan el resto de españoles. Vergüenza
torera. lunes, 11 de diciembre de 2017
I Love , artículo 155
Una pegatina para las carteras
ministeriales con el texto “I Love, artículo 155” sería un adorno consecuente
para Puigdemont (antaño Carlos) y sus mariachis esperpénticos. Y es que nada
moviliza tanto las ideologías, remueve las conciencias (individuales y
colectivas) e invita a la reflexión como la perdida de la poltrona. Mano de
santo, oigan. La desnuda posibilidad de dejar por el camino las prebendas, canonjías
y gangas que conlleva el servicio público, según el pensamiento de estos
zascandiles. Una simple mentada de bicha y los revolucionarios de salón, los
Robespierres de diseño, humillan la testuz ante el becerro de oro. Corren a
salvar las naves en lugar de hundirse con ellas como buenos capitanes. Como
aquellos otros mostrencos que juraban “por imperativo legal”, pero se embolsan (sin
ningún tipo de imperativo) un salario que ya lo quisiera un padre de familia
que no llega a fin de mes, trabajando como un bellaco de sol a sol. En el
asunto de la picaresca somos insuperables como raza, pero donde antes había
malandrines con cierto sentido del
honor, Rinconetes y Cortadillos con su particular interpretación de la ética,
ahora solo quedan truhanes sin honra, gualtrapas y desaliñados morales. Ni
siquiera el exilio es ya lo que era. Antaño eran intelectuales, artistas,
pensadores los que buscaban el abrigo de naciones que les acogieran. Hogaño
exportamos espantapájaros, productos sin control de calidad que proyectan la
imagen de un país en el medioevo intelectual o con exceso de plantaciones de cáñamo.
Los ilustres exiliados viven en los mundos de Yupi. Continúan dirigiéndose a cámara
sin entender que han sido cesados, dan instrucciones, amenazan, como líderes de
un patético ejército (cautivo y desarmado) cuyos mandos dan ordenes sobre un tablero
imaginario. Gran parte de la culpa la tiene el ejecutivo. Cualquier ciudadano
sancionado, imputado y retirado de su puesto, se encontraría sin empleo y sueldo
de forma inmisericorde. Pero entre iguales no se lanzan piedras. El cesado Puigdemont
vive sus vacaciones, pagadas por nuestros impuestos. Pasea sus gafas de Pitagorín
y su flequillo de seminarista renegado a costa de los ciudadanos de su país (a
día de hoy, España). Mientras, Arrimadas desenmascaraba en “Sálvados” y ponía contra
las cuerdas, una y otra vez, la inconsistencia del discurso nacionalista de
Rovira, el sectarismo, el adoctrinamiento y la ignorancia supina a que conducen
los totalitarismos. La representante de la “República Independiente de su casa”,
se remitía una y otra vez al victimismo palurdo, a la conspiración judeo-masónica
(tan sólo le quedó acusar al Doctor Fu manchú o al cinematográfico Doctor NO de
todos los males), en lugar de contestar a las inquisiciones certeras que se le
planteaban. El discurso radical, la soflama con la vena del cuello a punto de
derrame, carecen de cualquier lógica y consistencia. Es difícil contestar cuando
no existen respuestas. Solo un gazpacho de banalidades, de adjetivos
rancios y calificaciones mostrencas para
los que no piensan como ellos. Este es el “corpus” ideológico que se baraja
cualquier radical. Vergüenza ajena…
martes, 14 de noviembre de 2017
Chiquito, que estas en la Pradera…
La
primera vez que lo vi, me pareció un maikeljakson desvencijado o un paciente aquejado de algún extraño síndrome epiléptico, que
necesitaba salir corriendo porque el duodenor
se le removía espasmódicamente. Poco a poco, partiendo del escepticismo que me
provocó este Nureyev tuneado; que andaba de puntillas por la vida; había pasado
a habitar en un mundo poblado de fistros
nacidos después de los dolores, por la
gloria de su madre. Te ganaba su
bonhomía, su transparente humanidad, camuflada detrás de la verborrea surrealista
y trasgresora. No era nuevo en el medio televisivo este asimilar frases bobas y
musicales. Ya el gran Chicho Ibañez había conseguido con su 1,2,3 colarnos de rondón cada semana un
slogan en boca de “La Bombi” o el Dúo Sacapuntas: ¿Por qué seraaa´? ¿Cómo estaba
la plaza? Sinsentidos que constituían la cotidianidad del españolito medio,
que repetía en bares, tabernas y garitos (territorios venerados por el
españolito medio). Lo de Chiquito era otra dimensión. Era el microcosmos del
genio que expande sus paranoias personales en un “big bang” lingüístico de
coreografía vanguardista. ¿Cuándo habían disfrutado Bretón y compañía, paseando
por la calle con este hacedor de sintaxis automática, rompedor de sintagmas y desfacedor de morfologías, que habrá
hecho (sin duda), las delicias de Faemino
y Cansado. Porque Chiquito era creador de algo distinto. El único
revolucionario del lenguaje humorístico junto a la genialidad de José Mota. Pero
si el ex miembro de “Cruz y Raya” utiliza
el lenguaje ya creado como arma arrojadiza, plena de ironía e inteligencia, el
de la Calzada devino creador de un surrealismo
lingüístico “destroyer” y
humanista, que conquisto a su público a golpe de pataditas de karateca casposo
al que le ha dado un “paralís” mientras no se daba “cuén”. En su último viaje
Chiquito ha conseguido unir las más enfrentadas banderías. Porque el humor no
tiene fronteras, ni colores, salvo para sectarios irredentos e irrecuperables. Pero
no comparecemos para hablar de política (ese lado oscuro del humor), venimos a
congraciarnos de que este antiguo cantaor flamenco, tenía tal talla humana, que
era capaz de levantar incluso productos de caspa vocacional en la pantalla con
su presencia entrañable. Chiquito le puso música a la intro de “Bonanza”, algo
que en otro hubiera sido un anatema, nos recomendaba que tuviéramos “cuidadín, cuidadín”, porque éramos unos torpedos pecadores (en esto llevaba razón,
aunque su lenguaje, minimizaba humorísticamente la estulticia de la especie). Don
Gregorio no superó la soledad. Cuando llega el verdadero dolor no nos sirven
los candemor, los dionenor, ni preguntarse ¿cómor? Después del último viaje, tan sólo queda la genialidad
de los grandes, los bendecidos que manejan la risa como arma arrojadiza frente
a tanto fistro como tenemos de
soportar a diario en la pantalla, mientras comemos, cenamos o defecamos y que; maldita sea la gracia que
tienen los jambos. Más falsos que el flequillo de Dioni, (en palabras del
maestro. A Don Gregorio la vida le ha hecho la caidita de Roma, como nos la hará
a todos algún día, Nos ha dejado solos, rodeados de personajes patéticos más peligrosos
que Pinocho haciendo el 69 (otra genialidad del malagueño). Se ha marchado un género
en si mismo, un creador irrepetible, dominador de la inflexión, del tiempo
muerto (el timing, dicen los
entendidos). La anécdota elevada a la categoría de interminable. Donde quiera que
estés, Chiquito, líbranos de esos fistros
pecadores que nos rodean
martes, 31 de octubre de 2017
Tocata y Fuga de Puigdemont
Puigdemont se ha hecho caquita.
Travestido en caganet de pesebre, Puigdemont y sus esperpénticos secuaces han
optado por poner tierra por medio y abandonar (de momento) su sueño revolucionario.
Esta Corte de los Milagros se ha trasladado a otras latitudes, donde el clima
es más satisfactorio y pueden consumir chocolate a tutiplén, que contribuye a
segregar endorfinas. Puigdemont el revolucionario de salón, crucificado por Artur Más para llevar las
riendas del experimento; mientras él medraba a la sombra; meditando sobre sus
cuentas financieras. Puigdemont, el hombre de paja del nacionalismo rancio y
ágrafo. Una ideología bastarda que vive fuera del mundo, constreñida en los
límites de sus fronteras, ignorando la aldea global y los diversos mecanismos
económicos y sociales que necesitan las naciones para subsistir. Si se
visitaran más las bibliotecas, los ciudadanos comprenderían que el único
nacionalismo bueno es el inexistente.
Estas ideologías pasan por el
adoctrinamiento más pertinaz, la xenofobia intelectual y la discriminación más
radical. Cualquier nacionalismo parte de los conceptos de superioridad, algo
difícil de comprender contemplando la catadura de la plana mayor de esta efímera
república. y el de exclusión (esto sí se comprende al contemplarlos). El nacionalismo sacó a la calle a sus cachorros para ejercer la
violencia y romper el orden constitucional. Puigdemont, el golpista de saldillo,
manejaba con soltura su flequillo de niño zangolotino, mientras miraba por
encima del hombro a una democracia, que suponía en su delirio, débil y enfermiza. Aunque alguno
de sus correligionarios no se conoce exactamente hacia donde miran Los
nacionalismos coexisten con una venda permanente en los ojos. Son la cuna de
radicalismos, extremistas y sectarios. Aunque en este caso ha sido un pasillo
de comedias, valleinclanesco y más propio de una tira de Tex Avery.
Este jugar al ratón y al gato de los sediciosos de guardarropía, ha causado una profunda fractura social y
humana. Los únicos responsables son ellos, aunque algunos empiecen a escurrir
el bulto con camaleónica habilidad. Ada Colau, se escaqueaba en su última
entrevista televisiva para no contestar a la pregunta: ¿ Cataluña es una República y quien
es su Presidente? ¡Ay! Poderoso caballero es Don Dinero. Ahora al verle las
orejas al lobo, los nuevos Robespierres corren a ocultarse para no perder la
poltrona. No nos equivoquemos pensando que esto ha terminado y los responsables
de estos delitos serán sancionados. El sistema democrático en que habitan les
permitirá presentarse a las próximas elecciones y volver a aforarse. Lo mismo
que usted y yo cuando cometemos cualquier felonía. Nos crujen directamente, nos
sodomizan muy lindamente y a tomar por el envés. ¡País!
miércoles, 25 de octubre de 2017
Impuesto de sucesiones ¡Menuda chorizada!
Calculen ustedes mismos:
Ciudadano que pasa toda una puñetera vida de sufridor; ahorrando unos pocos leuros; agobiado por sangrantes
impuestos, aclarando sus deudas con el fisco canalla, y que al final de sus
días no debe nada a nadie. Es suyo legalmente lo poco que posee. Ganado con
sufrimiento y honradez, aspecto bastante complicado en este país de
malandrines, cenutrios y picaresca variada. Continúa la fábula cuando sus herederos
reciben una extraña notificación acerca
de un impuesto que deben pagar. Debe tratarse de otra cagada. Estos buitres
siempre acechando a los ciudadanos honrados, piensan inocentemente. Niet. Para
nada. Este dislate es real. Ahora imaginen ustedes la cara a cuadros, la mandíbula
desencajada y el estupor del ciudadano, ante el hecho de que unos fulanos a los
cuales ha votado para que defiendan sus derechos, establecen una normativa por
la cual te roban parte del patrimonio ganado por el esfuerzo de toda la vida de
tus mayores. Y que se lo van a llevar por la patilla. Esta chorizada se
denomina: impuesto de sucesiones y aunque es difícil de creer, tan sólo se da
en comunidades tercermundistas. Este país, fértil en cantamañanas, ha
consentido a las autonomías, la capacidad de decidir sobre la aplicación de
unas leyes que han sido extraídas del mismísimo escroto. El ciudadano
después de sopesar las posibilidades de adquirir un Kalashnikov y acercarse a
visitar a estos gestores de bienes ajenos, templa sus ánimos y piensa que la
legalidad le dará la razón. Es el instante en que comienza una enmarañada senda
de mareos legales, que le lleva al convencimiento de que está todo controlado
para que pague por cojones y no hay nada que hacer. Y además ¡tatachan!, el tiempo
que mantenga la reclamación le irán añadiendo intereses.
Que no falte la guinda
del pastel. Imaginen ahora que los fulanos que les desgobiernan, tienen
capacidad suficiente para eliminar esta felonía, y no lo hacen porque no les
sale del arco del triunfo. Vayan un poco más allá en este cuento de
terror, y descubran que las grandes fortunas se empadronan en otras
comunidades, con la intención de no pagar este impuesto facineroso cuando
llegue el triste momento. Descubran también con estupor que es posible pedir
una subvención para crear una empresa en esta comunidad y tributar después en Villaprepucio
de Arriba. Si esta pensando otra vez en el Kalashnikov o alguna modalidad de bomba
casera, modérese. Usted es una persona honrada y su función principal es la de
alimentar a políticos corruptos o defraudadores varios. Servir de sustento a
toda la peña de mafiosos, chorizacos electos y medradores que le rodean. Es lo
que hay. Además su aportación servirá para mejorar las infraestructuras, que no
hay más que mirar para ver las instalaciones tan acojonantes que tenemos, y lo bien
que funciona todo. Siéntase útil alimentando a la cohorte de sanguijuelas que
le corresponde como cupo de ciudadano y llénese
de gozo y albricias con la esperanza de que este tipo de bellaquerías
desaparezca. Quizá algún día, podamos evolucionar desde nuestra Atapuerca
particular, para entrar en un estado moderno
de Derecho. Hasta entonces, es lo que hay.
viernes, 27 de enero de 2017
Bimba
Bimba
se ha ido. Desde la caverna las bestias
han regurgitado su ponzoña con un odio antiguo, con un rencor que ya era viejo
cuando ellos nacieron. Porque la intolerancia forma parte de la historia del
hombre. Es como una herida abierta en el costado de la humanidad por donde
supura toda la maldad de que somos capaces. El límite entre la pura perversidad
y la psicopatía es muy delgado en estos verracos, adoctrinados y fanáticos.
Urge una legislación para controlar el daño que se puede infligir a las
personas, la falta de respeto al dolor ajeno, los insultos. Y hay que hacerlo
desde la empatía (algo de lo que carecen los bellacos), desde la razón. La Red
es un mundo caótico, una amalgama de ideologías, sectarismos, radicalismos,
donde entrar en cualquier conversación en un foro, siempre acaba con algún
malnacido tocando los bemoles. Una sociedad madura debe disponer de
herramientas legales para evitar este tipo de actitudes. Los cavernarios deben
ser relegados a su lugar: el oscuro pozo del analfabetismo y el olvido. A los
que ejercen de comunicadores y vomitan su bilis afrentando o mancillando, habría
que inhabilitarlos profesionalmente, sin olvidar la responsabilidad del Medio
de Comunicación en el que ejercen su bellaquería, a la hora de sancionar. Pero no nos
equivoquemos los tarados se tiñen de todos los colores, habitan en todas las
banderas. Sectarios y fanáticos surgen como las setas en cualquier ideología.
Lo mismo da que sea un homófobo, revolcándose entre miseria moral, que un radical; cachorro de la intransigencia; que pretende ajusticiar ancianos porque cree que así gobernarán los de su cuerda. Se
precisan con urgencia leyes que hagan desaparecer del entorno mediático a tanto
depravado, a esa estirpe porcina de psicópatas que se alimentan de violencia.
Acabar con la intolerancia es la prioridad de cualquier sociedad. Venga de
donde venga. Tenga el color que tenga. Ya estamos tardando.
lunes, 22 de agosto de 2016
Adiós, Capitán Trueno
Se
nos ha ido uno de los grandes. Se ha marchado con ese silencio humilde y sin
estridencias, de quienes saben hacer de la vida un arte para compartir con los
demás. No le han acompañado ni el postureo analfabeto, ni la fanfarria de que
se rodean los mediocres que medran a la sombra de ideologías y sectarismos. No
le han escoltado esos palmeros que elevan a altares ídolos coyunturales con
pies de barro. Nunca le hizo falta. Este barcelonés era un narrador de pura
cepa. Un creador de mundos que llenó de fantasía a toda una generación. Sería
difícil reproducir con los parámetros actuales multimedia y de dispersión
mental, la ilusión que embargaba a los muchachos, cuando acudían semanalmente
al pequeño kiosco de barrio, con la ansiedad de averiguar si el afamado Capitán
había salvado a su virginal novia Sigrid de las garras del malvado de turno.
Nada entendía la chavalería de virginidades varias, ni de censuras. Tan solo
anhelaban que el villano cayera por un barranco, para volver a aparecer semanas
después milagrosamente. La férrea garra
de la censura obligaba a golpear de plano con la espada o a que los indecorosos
enemigos se desplomaran por si mismos desde amenazadores abismos, o
desprotegidas almenas, como castigo a su conducta nefanda y antipatriótica. De
los cuadernillos apaisados en blanco y negro (2 pesetas) se pasó al color y el
tamaño grande (25 pesetas) pero siempre manteniendo las características de
aquel monje-guerrero; de afectos platónicos; que recorría mundos olvidados,
selvas inaccesibles y hablaba todos los idiomas, incluso los de civilizaciones
desconocidas. En la historias de Víctor Mora, los niños aprendieron que
aquellas macizas y desvergonzadas valkirias; que vislumbraban los afortunados
que disfrutaban de vacaciones; no venían de Suecia, sino de Thule. Y todas eran
princesas de armas tomar.
Mientras Víctor Mora fabricaba mundos fantásticos,
poblados de infames y taimados enemigos, los malos de verdad le encerraban por
“masón y comunista” (una extraña hibridación, inventada por el Régimen, que
nunca he llegado a entender) en las lóbregas mazmorras del mundo real. El
Capitán nació como réplica a los trazos gruesos y personajes casi deformes de
las aventuras de piratas de “El Cachorro” de Iranzo. El éxito de la fórmula,
hizo que Mora repitiera en posteriores personaje, creando un imaginario que se
convertiría en un clásico en el mundo de la viñeta. Por un lado estaba el
héroe. Adalid y portador de todos los valores. Liberador de oprimidos. La
primera criatura fue El Capitán Trueno. Pero le seguiría El Jabato (luchador
contra el Imperio Romano), El Cosaco Verde (que cambió su color debido a la
censura) y El Corsario de Hierro. A su lado un compañero de enorme fortaleza y
sentido del humor bastante gruñón. Este fue el papel de Goliath, llamado “El
Cacanueces”, y su famoso quitapenas llamado “toma-toma”. Un antecesor del bate
de béisbol tamaño extra, que utilizaba para cambiar impresiones con los
enemigos. El hercúleo compañero de “El Jabato”, con bigote daliniano, se
llamaba Taurus. En “El Corsario de Hierro” el papel hercúleo lo representaba un
enorme pelirrojo escocés llamado Mac Meck, que se transformaría en las estepas
del “cosaco” en un sanchopancesco y mofletudo personaje denominado Sing-Li, que
aporta una filosofía leonardesca en sus proverbios. La parte femenina es fuerte
y valerosa. Un antecedente de la titubeante liberación social de la mujer.
Sigrid es reina de Thule, que gobierna por si misma. Claudia es una patricia
romana con pensamiento propio, que sería replicada por Lady Roxana en “El
Corsario de Hierro”. Crispín es un jovenzuelo en edad complicada, más
interesado por las damiselas que por la aventura. En “El Cosaco Verde” se
transforma en el adolescente huérfano Iván. Su reflejo en “El Jabato” es el
mediocre poeta “Fideo de Mileto” en quien todas las desgracias se hacen
huéspedes. Su sosias en “El Corsario de Hierro” es el burlesco mago Merlín,
alquimista de pega y nigromante fracasado.
Víctor Mora ha sido un creador de
prototipos, un hacedor de “imagos”. Junto a los grandes demiurgos de símbolos
como E. R. Burroughs (Tarzán), Shuster y Siegle (Superman), Bram Stoke
(Drácula), el Capitán Trueno es una marca reconocible e icónica. Su vocación lo
llevó a trabajar como traductor, articulista o escritor, destacando su obra en
catalán. El iluminó una época en que el acceso al ocio era difícil o reservado
a una cierta jerarquía. El “tebeo” se convirtió en vehículo masivo de cultura y
evasión de la grisura reinante. Fue el sumo hacedor de universos paralelos que
llenaron de ilusión y fantasía los hogares, tiñendo sus viñetas de un tono
progresista que los estultos tipos de las tijeras no supieron detectar. No
precisa del aplauso oportunista del necio de turno, ni parabienes del gestor
pesebrero, sujeto a los cambios ideológicos. Víctor Mora está entre los grandes
por elevar el guión del comic a alturas inexploradas. Y por llenar de ilusión a
toda una generación. Ven, Capitán Trueno. Haz que gane el bueno. Ojala en la
mundo real también ganaran los hombres buenos. Descanse en paz.
jueves, 23 de junio de 2016
Nunca estamos en casa
La filosofía oriental; que conoce estos menesteres con detalle; nos señala que
nunca estamos en casa. No se refieren al espacio físico que hipoteca nuestra
vida y hacienda por unos escasos metros cuadrados. Esa casa de referencia somos
nosotros mismos. Es nuestro propio yo adocenado, sepultado con necesidades que
no son tales, oprimido por tributos vitales que no son imperiosos. Esa casa
representa nuestra esencia, que tan poco cuidamos y; con frecuencia;
disfrazamos con peregrinas excusas para dilatar el encuentro. A veces los años
nos pesan como un cuerpo deshabitado, como la promesa de un futuro siempre
dudoso, de metas inciertas. Nos abandonamos a nosotros mismos por el camino.
Olvidamos el instante, la perfección del momento. Vaciamos nuestra casa con
promesas lejanas, con precarias ambiciones innecesarias. Carpe Diem. Aprovecha
el instante. La perspectiva del tiempo nos va dejando un ramillete de momentos
malogrados, bocanadas de existencia o exultantes recuerdos. Pero es con el paso
de las Estaciones cuando medimos el valor de nuestra propia existencia.
Aprendemos a vivir el momento, a relativizar los conflictos interiores, a
disfrutar con una bocanada de aire cada mañana, porque todo día es un regalo
infinito. Ente el hedonismo desatado de “Vive rápido, muere joven y deja un
bonito cadáver”, extraído de la película “Llamad a cualquier puerta” y el
ascetismo de renuncia radical a todo estímulo placentero existe una tierra de
nadie, donde la armonía nos acerca a nosotros mismos. Los extremos siempre
extienden un aroma patológico. A la hora de la verdad; cuando se acaba el
sendero; da exactamente igual como te lo hayas planteado: No te vas a llevar
ningún equipaje. Tan sólo queda nuestra impregnación en la memoria de aquellos
que nos han amado, a los que hemos amado. Únicamente se nos recordará por la
luz que hemos repartido (triste, si nos recuerdan por lo contrario), la palabra
oportuna que derribó fronteras o la caricia que llenó de calidez un atardecer.
Es el momento de sentarse, respirar hondo una bocanada de vida y soltarla
mientras repetimos: “Acabo de morir un poco”. Es un ejercicio de humildad, sano,
nada morboso. Una aceptación de la realidad que nos habita: Somos pavesas al
viento. De esta aceptación aprendemos a medir la intensidad del momento, a
degustar a tragos cortos instantes que antes no calibrábamos adecuadamente. Un
paseo por la orilla del mar al atardecer, una mirada cómplice, la certeza de
que hemos donado felicidad a nuestro paso. Vivir, vivir, vivir y no pensar en
nada. Apurar la copa del instante. Pero sin falsos estímulos, evitando los paraísos
artificiales, los placeres erróneos. Debemos aprender a estar más tiempo en
casa. En esa casa que somos nosotros mismos. Ejercitemos el autoaprecio. La
habilidad de valorarnos y a dar valor a esas pequeñas cosas que; con la
presteza y la ansiedad; no pudimos apreciar. Quizás así; cuando nos sorprenda
el último oleaje; podremos confesar que hemos vivido.
lunes, 8 de febrero de 2016
Bendito botón de “Bloquear”
Frente
a quienes sostienen que la fregona, la lavadora o los sanitarios son los
mejores inventos para la humanidad, yo mantengo la sospechosa teoría de que el
mayor invento que el mundo ha dado es el botón “Bloquear”. Es difícil encontrar
un goce mayor al de eliminar a un cantamañanas, dar el finiquito mediático al
sectario de turno o al hediondo tendencioso. Pocas experiencias son tan catárticas
como bannear a un iluminado. Estos
personajes no son otra cosa que la actualización del tradicional “tonto del
pueblo”. Aquellos que se llevaban todas las collejas en el colegio por su
patetismo, hoy revividos en ponzoña mediática. Te sientas frente al teclado,
para tus menesteres cotidianos, y allí está. Date por jodido –te dices- Ya se
me ha colado una Gárgola (o un Troll). Tras verificar que no tienes ninguna
relación consanguínea con el fulano, deduces que es amigo de un amigo, y ha
llegado hasta allí en base a la divina providencia, sin ser invitado. Además lo
que te ha colado es una deyección mental, la deposición de un marginado anímico
contra la sociedad que le tolera. Tratas de dialogar, pero –craso error- le
estás dando cancha a un deficiente que carece de mesura en sus criterios, con
las correspondientes consecuencias. El bestiario de inoperantes y abanderados
de la mediocridad, que infecta las redes es propio de un catálogo tolkieniano, algo así como lunes, 30 de noviembre de 2015
Planeta Calleja
Resulta refrescante encontrar en
parrilla televisiva opciones que mixturen lo lúdico con el compromiso, el
escapismo propio del espectáculo con la aproximación sesuda al personaje y su
enjundia. Lo divino y lo humano en formato mediático con el añadido del
concepto aventurero. La oferta de Planeta Calleja es cualquier cosa menos
aburrida. El espectador puede recorrer una aldea de Nepal, sufrir la ascensión
a un glaciar con un cantante, acompañar en un todo terreno a un político,o
explorar unas cuevas subterráneas junto al chef de moda. Calleja domina el arte
de la proximidad. Maneja el ritmo narrativo y somete al invitado a un
aparentemente superficial tercer grado, pero es capaz de extraerle matices
humanos y sociales, que otros entrevistadores profesionales no exprimen en sus
tertulias. Calleja lo hace desde la cercanía.
Les habla de tu a tú, mientras
obliga al que padece vértigo a ascender una montaña o lleva al límite al
invitado sobre un helicóptero. Calleja está rodeado de un equipo excepcional,
que consigue que parezcan fáciles algunas de las escenas que conllevan una
dificultad técnica alta, y una gran preparación física de los profesionales que
sufren con él las incidencias. El formato técnico es impecable, la capacidad de
entretener; notable; el acercamiento a los personajes; novedoso. El espectador
cansado del habitual “vis a vis”, de las entrevistas al uso y los bustos
parlantes, encuentra una dinámica certera, repleta de humor, sin tendenciosidad
ni esquinamiento. Algo de agradecer en los tiempos que corren, donde cualquier
comentario u opinión es rápidamente víctima de los trolls mediáticos. Tristes
entelequias buscando su minuto de gloria. Siempre al acecho para horadar si el entrevistado
o el protagonista no son de su palo. Los que anhelan una sociedad
unidireccional, teñida de grisura. Dispuestos
a politizar todo lo que se respira y verter su venenoso adoctrinamiento en la
copa del prójimo. Aquellos, que cuando enseñaron tolerancia y coexistencia en
su escuela de fanatismo, faltaron a clase. Parecen habitar otro planeta. Pero
no es el Planeta Calleja…
jueves, 29 de octubre de 2015
Un concejáh de Mijah. El Catetismo Ilustrado
Este personaje, adscrito a esa
nueva hornada de políticos, que considera que presentarse en las instituciones
con estética abertzale (léase flequillo cortado a bocado de caballo), escasa
higiene y con una camiseta de cuando era adolescente, es una actitud de trasgresión que te rilas. El mozalbete saltó a la palestra con una declaración de
principios digna de figurar en aquellas viñetas de “13, Rue del Percebe”, donde el surrealismo campaba a sus anchas, retratándose
con un manifiesto ágrafo y contumaz, de una gañanería militante. Durante un
pleno del Ayuntamiento de Mijah, se debatía el nombre de una calle que debía
llamarse “Del Descubrimiento”, asunto que al homúnculo (el del flequillo
cortado a bocados) no debió parecerle de recibo. A continuación comenzó un
discurso, antología de la bizarrez y la tontería vocacional, entre titubeos
vocales (e intelectuales), con diversos cortes de riego sanguíneo en el
¿cerebro? El botarate; con estética de la película Apocalypto; vomitó un
discurso rancio ya en su origen y putrefacto antes de nace, sobre el
consabido genocidio de indígenas hace quinientos años. Añadió toda la
parafernalia que un sector frenopático de nuestra política abandera como causa,
obviando su relatividad histórica, olvidando visitar las bibliotecas en lugar
de las escuelas de adoctrinamiento en estupidez. Al parecer a su grupo político
no le gusta el nombre por sus resonancias imperialistas y proponen el nombre de
“Calle Villa Romana” como alternativa al imperialista y malvado topónimo El
personaje es autor del interesante trabajo “Negación punk en la sociedad
vasca”. Inapreciable e imprescindible aportación al desarrollo de la cultura
occidental. Por que el menda en cuestión es Doctor en Antropología y Profesor
Universitario.
Al alcalde se le puede perdonar su gazapo al contestarle que los
romanos invadieron España (sic). De su profesión no depende la formación de
futuros ciudadanos, aunque merezca un tirón de orejas. Lo que invadieron los
romanos se llamaba Península Ibérica (la Iberia de los griegos) y que a manos de aquellos
“imperialistas” pasó a denominarse Hispania (vía fenicios). A parte de estos
menesteres, el personaje, antiguo jurador de bandera en los cuerpos especiales;
dedica sus ocios a la realización de un diccionario andalú, en el cual el se
denominaría Huan Porrah en lugar de Juan Porras, aunque las lenguas
difamatorias le refieren como “Juan Porro” o “Juan Chorras”. Elaborando unas
normas ortográficas lunáticas, donde se aproxima a la jitanjáfora, desarrolla el habla de Andalucía como si se
tratase de un idioma. Apoteosis del catetismo ilustrado, este Doctor en Antropología desconoce la diferencia entre
dialecto, lengua y habla. Parece ignorar que la idiosincrasia de cada pueblo o
ciudad en Andalucía utiliza diferentes fonéticas. Compendiarlas en un habla única,
no sería otra cosa que una curiosidad visual, que reproduciría las peculiaridades
sonoras de palabras del castellano, pronunciadas en cada zona. Lo shiento,
pisha. Va a zé que noh.
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The Extraordinary Tale. 2013
Título original The Extraordinary Tale of the Times Table Año 2013 Duración 79 min. País España Director José F. Ortuño , Lau...
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Se nos ha ido uno de los grandes. Se ha marchado con ese silencio humilde y sin estridencias...
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La primera vez que lo vi, me pareció un maikeljakson desvencijado o un paciente aquejado de ...























