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jueves, 18 de enero de 2018

AGOREROS Y VOCINGLEROS



                                  



 



Nos rodean por doquier. Ellos siguen a lo suyo. El agorero haciendo gala permanente de la imparcialidad y tolerancia que le caracteriza. Ofreciendo castigos divinos cuando no salgan a flote los de su cuerda. Temibles plagas, escasamente bíblicas, que amenazarán la sociedad en el supuesto de que otras opciones ideológicas, que no sean de su palo, resulten elegidas por los ciudadanos. El vocinglero es un ente más nefasto, si cabe. Falto de lectura, nadie le informó de la villanía y parcialidad que toda ideología conlleva en su génesis. Cualquier convicción, religión, filosofía o doctrina es excluyente o intolerante por naturaleza (moléstense en leer libros), incluidas las redentoras creencias del vocinglero. La génesis de una ideología se origina, basada en la exclusión y división del mundo, entre ellos (poseedores de la razón) y los otros

Pero el vocinglero erre que erre. Continúa vendiendo a destajo una utópica moto. Alabando  los beneficios sinnúmero que otorgará la aplicación de su dogma al ser humano, cuando todos lo sigan ciegamente (previa destrucción de los credos ajenos). Nadie le ha explicado al cenutrio el ocaso de las doctrinas. Nunca visitó una biblioteca para descubrir la destrucción y el dolor que los axiomas ideológicos han provocado en la  humanidad. El vocinglero es poseedor de una visión de túnel, y su entorno conceptual es el de una mula torda con anteojeras, dando vueltas eternamente a la noria, Los teorizantes con frecuencia suelen ser personajes con una cierta querencia por la molicie y la bohemia.  Desertores del arado, que en lugar de dedicar sus ocios al esfuerzo, eligen concentrarse en elaborar tesis y teorías peregrinas, para joder masivamente a la humanidad. Aplicando la estadística a la causalidad de todas las miserias, guerras y barbaridades perpetradas en la historia, se descubre que detrás de cada una de ellas, siempre andaban uno o varios de estos esperpentos. Filosofando y adoctrinando masas, como es mandado. Sin obviar motivos económicos paralelos (o de otro cariz); han sido los credos pergeñados por aquestos fantoches, las razones motoras que han separado o desgarrado a la humanidad. Toda doctrina nace perversa en si misma, dado que para su preeminencia ha de aplastar, ignorar y oponerse a los que piensan de manera distinta. 
Todo credo es excluyente e intolerante por naturaleza. No nos dejemos engañar. Su aplicación práctica deviene germen de fanatismo y grisura intelectual. Al vocinglero y al agorero, estos menesteres se les antojan escasamente importantes. Encerrados en su capsula del tiempo, siguen con su melodía añeja, sin detectar que ese disco, y la ranciedad de sus propuesta ya están rayados hace tiempo. El agorero, seguirá predicando en el desierto las consecuencias nefastas para la sociedad, si ésta no secunda sus dogmas mesiánicos y sectarios. Para el vocinglero, apenas existe redención. Es del tipo de fulano que; cuando es conducido por las fuerzas represoras en un autobús; para ser almacenado en un estadio de fútbol; o acompañado amablemente por sus camaradas a un oscuro sótano para sacarle brillo en el lomo, va cantando por el camino aquello de: ¡Que buenos son. Que buenos son, que nos llevan de excursión! Patético.

miércoles, 17 de enero de 2018

Alcohólicos de fin de semana







Bebo para olvidar. Esta la frase; extraída de un reportaje televisivo; la pronuncia un joven que carece de biografía para tales menesteres. No es ésta, precisamente, una generación de postguerra, que haya tenido que luchar para sobrevivir, sacarle los dientes a la vida y ganarse palmo a palmo su lugar en el mundo. Quizá esta sea la raíz del problema. Se han criado entre algodones. Rodeados de caprichos y ultimas tecnología, sin hacer ningun merito para recibir todo lo que deseaban a cambio de esfuerzo. Son la generación de gratis, a la que todo le ha venido dado por unos padres a tiempo parcial, temerosos de poner fronteras, incapaces de delimitar dónde empieza y termina la libertad. Quizá la culpa sea de todos, cada vez delegando más nuestras obligaciones en la videoconsola de turno o el teléfono móvil, para que no den la brasa, en lugar de acercarnos al diálogo. Y los miembros de la generación de la comunicación, están cada vez más sólos en sus redes asociales, influenciados por la cantidad de capullos y carne de siquiatra que abundan en esos foros. Navegan sin conocimiento de sus padres, sin una guía que les diga dónde están las fronteras de la conducta, sin filtros basados en la experiencia. Tienen; por toda orientación; los comentarios y opiniones de otros personajes tan desnortados como ellos. Nunca se ha estado tan sólo teniendo tantos alrededor. Nunca tan incomunicados teniendo la aldea global al alcance de sus dedos. 

Bebo para olvidar. Tal vez. Y para sentirte aceptado por una masa anónima a la que no le importas realmente. Para formar parte de una tribu. Para sentirse mayor. Para, ni se sabe. La destrucción del hígado y las neuronas comienza cada vez a edad más temprana y el intento de ser aceptado, o de ser legal, está llevándose las células hepáticas en el intento. Cualquier forma de socialización requiere como intermediario el alcohol,  excusa para romper unas barreras que realmente no existen. Las adicciones y el desapego del entorno comienzan cuando para contestar al interlocutor, ya no levantan los ojos de la pantalla, en lugar de buscar los del otro. En unos años habremos perdido los gestos y actitudes desarrollados por la especie para intercomunicarse, ahogados en las pantallas de teléfonos y demás gadget. Los científicos dicen que en los próximos años el planeta ira subiendo la temperatura unos grados. Ignoran que los grados van a ser de alcohol. 

Operación Triunfo


                                       


Alienta una  corriente entre los acólitos del postureo cerril y los perpetradores de una cierta progresía casposa, cuyo objetivo es atacar o denigrar por norma todo aquello que no está acogido a sus parámetros jurásicos o sus serviles doctrinas. Nada escapa al ojo de Gran Hermano de los inquisidores contemporáneos, ya sea en literatura, cine, música o cualesquiera de las opciones creativas humanas. Los “posturitas” básicamente tratan de mancillar lo ajeno o acometer; como desnortados quijotes; los molinos de viento de aquellas facetas de la cultura el arte o la comunicación, que (en Román Paladino) no sean de su cuerda. El siguiente paso es previsible (como lo son ellos por naturaleza). Se trata de proponer a cambio una reala de ilustres representantes de su ideología en alguna de estas variedades, previa descalificación de quienes no comulguen con sus sectarismos. Los parámetros utilizados tienen escasa relación con la calidad, la técnica o el nivel artístico de lo embestido, ya que la visión de túnel impide una opinión racional y (en la mayoría de los casos), el analfabetismo vocacional de sus dogmas, les paraliza para acceder a campos de conocimientos técnicos o específicos donde opinar con discernimiento.
Cualquier huerta es fértil para los talibancillos culturales. Ya sea un comunicador, que les convida a un zasca tras otro; como regalo a su estulticia latente; un escritor que les destapa sus cloacas intelectuales o un género musical que no sirva a su militancia impostada.

Uno de los programas más atacados por el postureo intelectual es el concurso “Operación Triunfo”. Los adjetivos acuñados para simular una patina intelectual (entre birra y birra) son “hortera”, “karaoke” o “interpretes robotizados”. A continuación el “posturitas” ofrecerá a cambio un listado de artistas afines a su universo zascandil. La mayoría serán casi desconocidos para los tertulianos (por razones obvias). Otros pertenecerán a ese estilo musical perpetrado con el orto (música intestinal), cuyos interpretes parecen aquejados de algún episodio epiléptico o emiten sonidos regurgitantes, navegando su estilo entre el asco y la nausea. El mayor ataque que recibe este programa, es el apoyo mediático y comercial que tienen los participantes. Pero si en esos menesteres, precisamente, se basan estos concursos ¡Almas de cántaro! No en promocionar a tus amiguetes o a los artistas que a ti te molan. Como en cualquier acto televisivo, el objetivo de la inversión es el impulso, la obtención del mayor beneficio posible, ya sea un concurso de música, de punto de cruz o de cría de aves de corral. Los dardos de estos revolucionarios de salón apenas se dirigen hacia otros programas con vocación de enema. Aquí manifiestan escasa o nula memoria. Bellaquerías mediáticas donde el mensaje que se envía es el de concursantes practicando el fornicio simiesco bajo un edredón, la visión de un mercado de ganado humano con gañanes en celo olfateando las feromonas de hembras/florero, que ofrecen como mercancía sus escasas entendederas, o realitys donde adanes y evas despelotados practican “á poil” un ridículo cortejo cavernícola, con las verijas al viento. Como decretan las buenas costumbres. Les intranquiliza en exceso a estos torquemadas mediáticos, un programa pleno de esfuerzo, trabajo, compañerismo, con un claro mensaje: alcanzar una meta requiere constancia y sacrificios. ¿Qué interpretan canciones de otros intérpretes? No pensará el iluso insurrecto de guardarropía, que van a pagar una pléyade de compositores para crear obras nuevas en cada programa. Por otra parte, los autores de dichas canciones se encuentran encantados con performances que devengan unos derechos de autor suculentos. Estos defensores de causas perdidas dan en hueso con todas sus críticas. Incluso algunos  profesionales de los que visitan la Academia, aprovechando la proyección mediática del programa, confiesan en un ejercicio de humildad (bastante infrecuente en este país de egos), que no hubieran superado las primeras audiciones. Si hay algo indiscutible, es que algunas de las voces que pasan por este concurso superan en calidad a muchas de las que están en el mercado. Cuando los anatemas proceden del conocimiento técnico o de profundos juicios, basados en datos, se puede discutir o dialogar sobre ellos. Cuando nacen del adoctrinamiento más rancio, aquel que anhela derrumbar todos los edificios que no concuerdan con su troglodita concepto arquitectónico, tan sólo merecen el regalo del ninguneo y el desdeño. De ahí, a calificar cierto arte como “degenerado” y hacer piras con libros que no contengan lo que ellos predican, tan sólo hay un paso.  Al tiempo. 

viernes, 15 de diciembre de 2017

Marcarse un Iceta

                                              


Pudo ocurrir en cualquier comunidad de vecinos de nuestro pluricultural y multiideológico país. Una comunidad de vecinos que se reúne para entregar llaves al siguiente presidente. Un vecino que presenta una serie de excusas (trabajo, edad, etc.) con el noble intento de evadirse de marrón. Otro vecino que alega que no puede pagar las cuotas, “a ver si es posible que le condonen las deudas”. Bla, bla, bla. Aquí, ese gracejo que tenemos en la piel de toro para todo; menos para trabajar y tomarnos las cosas en serio; que surge de la boca del vecino humorista: Hombre vosotros lo que queréis es marcaros un “Iceta”. Una vez superado lo anecdótico, subsiste la sangrante realidad. Un servidor público que pretende robarle al resto del país todo aquello a que tienen derecho, con una clara finalidad política, para medrar en la comunidad autónoma donde milita. ¿Se habrá preguntado este personaje las consecuencias de condonar esa deuda para el resto de los españoles? Absolver la deuda en una comunidad de malandrines, que durante años se han estado calentando el bolsillo con el impuesto mafioso del 3%, supondría la perdida de muchos derechos de los ciudadanos. ¿Habrá calculado este servidor público cuantos hospitales, cuanta inversión en educación, cuanta calidad de vida se estaría robando a trabajadores honrados para perdonar el despilfarro de malos gestores? ¿Habrá echado cuentas este servidor del pueblo de los gastos ocasionados por la sanjurjada independentista? ¿Cuánto dinero se ha perdido en la campaña para la sublevación? ¿Cuanto material destruido por las hordas radicales que soltaron en las calles? ¿Cuánto gasto de mantenimiento de cuerpos policiales? Todos estos cargos también han sido ocasionados al resto de los españoles por la surrealista sedición de Puigdemont y sus mariachis. Un paraíso donde esa misma burguesía que apoya el procés desde la sombra, practicaba la corrupción con beneplácito y bula papal de sus socios, que hacían la vista gorda. ¿Es Iceta, pues, un iluminado más de esta nueva hornada política o tan sólo un bocachancla con ansías mediáticas? El dislate es de tal tamaño, moral y socialmente, que sólo desde la pútrida perspectiva electoralista podría encontrarse una motivación, por misérrima que fuese. Que el resto de ciudadanos les pague a los derrochadores del tripartito y su troupe circense, el dinero que se embolsaron ilegalmente durante décadas. Que le saquemos las castañas del fuego a las élites mafiosas que se han beneficiado antes; y seguirían beneficiándose; del malogrado procés. Cualquier paso en adelante favorecería a los de siempre, los que están forrándose el bolsillo y todo volvería a ser como antes (practicas mafiosas incluidas). No hay más que ver el apego que estos revolucionarios de salón le tienen a la poltrona. La posibilidad de perder nómina y prebendas, convirtió a los insurrectos en profundos creyentes del artículo 155. Solo faltó besamanos y Vía Crucis ante la Constitución. Poderoso caballero es Don Dinero que convierte a los, antaño defensores numantinos, dispuestos a llegar al suicidio colectivo antes que esclavos, en patéticos “caganets” que firmarían hasta la muerte de Manolete para no perder de vista el cheque que le pagan el resto de españoles. Vergüenza torera. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

I Love , artículo 155

                                                               

Una pegatina para las carteras ministeriales con el texto “I Love, artículo 155” sería un adorno consecuente para Puigdemont (antaño Carlos) y sus mariachis esperpénticos. Y es que nada moviliza tanto las ideologías, remueve las conciencias (individuales y colectivas) e invita a la reflexión como la perdida de la poltrona. Mano de santo, oigan. La desnuda posibilidad de dejar por el camino las prebendas, canonjías y gangas que conlleva el servicio público, según el pensamiento de estos zascandiles. Una simple mentada de bicha y los revolucionarios de salón, los Robespierres de diseño, humillan la testuz ante el becerro de oro. Corren a salvar las naves en lugar de hundirse con ellas como buenos capitanes. Como aquellos otros mostrencos que juraban “por imperativo legal”, pero se embolsan (sin ningún tipo de imperativo) un salario que ya lo quisiera un padre de familia que no llega a fin de mes, trabajando como un bellaco de sol a sol. En el asunto de la picaresca somos insuperables como raza, pero donde antes había malandrines con cierto sentido del  honor, Rinconetes y Cortadillos con su particular interpretación de la ética, ahora solo quedan truhanes sin honra, gualtrapas y desaliñados morales. Ni siquiera el exilio es ya lo que era. Antaño eran intelectuales, artistas, pensadores los que buscaban el abrigo de naciones que les acogieran. Hogaño exportamos espantapájaros, productos sin control de calidad que proyectan la imagen de un país en el medioevo intelectual o con exceso de plantaciones de cáñamo. Los ilustres exiliados viven en los mundos de Yupi. Continúan dirigiéndose a cámara sin entender que han sido cesados, dan instrucciones, amenazan, como líderes de un patético ejército (cautivo y desarmado) cuyos mandos dan ordenes sobre un tablero imaginario. Gran parte de la culpa la tiene el ejecutivo. Cualquier ciudadano sancionado, imputado y retirado de su puesto, se encontraría sin empleo y sueldo de forma inmisericorde. Pero entre iguales no se lanzan piedras. El cesado Puigdemont vive sus vacaciones, pagadas por nuestros impuestos. Pasea sus gafas de Pitagorín y su flequillo de seminarista renegado a costa de los ciudadanos de su país (a día de hoy, España). Mientras, Arrimadas desenmascaraba en “Sálvados” y ponía contra las cuerdas, una y otra vez, la inconsistencia del discurso nacionalista de Rovira, el sectarismo, el adoctrinamiento y la ignorancia supina a que conducen los totalitarismos. La representante de la “República Independiente de su casa”, se remitía una y otra vez al victimismo palurdo, a la conspiración judeo-masónica (tan sólo le quedó acusar al Doctor Fu manchú o al cinematográfico Doctor NO de todos los males), en lugar de contestar a las inquisiciones certeras que se le planteaban. El discurso radical, la soflama con la vena del cuello a punto de derrame, carecen de cualquier lógica y consistencia. Es difícil contestar cuando no existen respuestas. Solo un gazpacho de banalidades, de adjetivos rancios  y calificaciones mostrencas para los que no piensan como ellos. Este es el “corpus” ideológico que se baraja cualquier radical.  Vergüenza ajena…

martes, 14 de noviembre de 2017

Chiquito, que estas en la Pradera…

                                      


La primera vez que lo vi, me pareció un maikeljakson desvencijado o un paciente aquejado de algún extraño síndrome epiléptico, que necesitaba salir corriendo porque el duodenor se le removía espasmódicamente. Poco a poco, partiendo del escepticismo que me provocó este Nureyev tuneado; que andaba de puntillas por la vida; había pasado a habitar en un mundo poblado de fistros nacidos después de los dolores, por la gloria de su madre. Te ganaba su bonhomía, su transparente humanidad, camuflada detrás de la verborrea surrealista y trasgresora. No era nuevo en el medio televisivo este asimilar frases bobas y musicales. Ya el gran Chicho Ibañez había conseguido con su 1,2,3 colarnos de rondón cada semana un slogan en boca de “La Bombi” o el Dúo Sacapuntas: ¿Por qué seraaa´? ¿Cómo estaba la plaza? Sinsentidos que constituían la cotidianidad del españolito medio, que repetía en bares, tabernas y garitos (territorios venerados por el españolito medio). Lo de Chiquito era otra dimensión. Era el microcosmos del genio que expande sus paranoias personales en un “big bang” lingüístico de coreografía vanguardista. ¿Cuándo habían disfrutado Bretón y compañía, paseando por la calle con este hacedor de sintaxis automática, rompedor de sintagmas y desfacedor de morfologías, que habrá hecho (sin duda), las delicias de Faemino y Cansado. Porque Chiquito era creador de algo distinto. El único revolucionario del lenguaje humorístico junto a la genialidad de José Mota. Pero si  el ex miembro de “Cruz y Raya” utiliza el lenguaje ya creado como arma arrojadiza, plena de ironía e inteligencia, el de la Calzada devino creador de un surrealismo  lingüístico “destroyer” y humanista, que conquisto a su público a golpe de pataditas de karateca casposo al que le ha dado un “paralís” mientras no se daba “cuén”. En su último viaje Chiquito ha conseguido unir las más enfrentadas banderías. Porque el humor no tiene fronteras, ni colores, salvo para sectarios irredentos e irrecuperables. Pero no comparecemos para hablar de política (ese lado oscuro del humor), venimos a congraciarnos de que este antiguo cantaor flamenco, tenía tal talla humana, que era capaz de levantar incluso productos de caspa vocacional en la pantalla con su presencia entrañable. Chiquito le puso música a la intro de “Bonanza”, algo que en otro hubiera sido un anatema, nos recomendaba que tuviéramos “cuidadín, cuidadín”, porque éramos unos torpedos pecadores (en esto llevaba razón, aunque su lenguaje, minimizaba humorísticamente la estulticia de la especie). Don Gregorio no superó la soledad. Cuando llega el verdadero dolor no nos sirven los candemor, los dionenor, ni preguntarse ¿cómor? Después  del último viaje, tan sólo queda la genialidad de los grandes, los bendecidos que manejan la risa como arma arrojadiza frente a tanto fistro como tenemos de soportar a diario en la pantalla, mientras comemos, cenamos  o defecamos y que; maldita sea la gracia que tienen los jambos. Más falsos que el flequillo de Dioni, (en palabras del maestro. A Don Gregorio la vida le ha hecho la caidita de Roma, como nos la hará a todos algún día, Nos ha dejado solos, rodeados de personajes patéticos más peligrosos que Pinocho haciendo el 69 (otra genialidad del malagueño). Se ha marchado un género en si mismo, un creador irrepetible, dominador de la inflexión, del tiempo muerto (el timing, dicen los entendidos). La anécdota elevada a la categoría de interminable. Donde quiera que estés, Chiquito, líbranos de esos fistros pecadores que nos rodean

martes, 31 de octubre de 2017

Tocata y Fuga de Puigdemont

                                             



Puigdemont se ha hecho caquita. Travestido en caganet de pesebre, Puigdemont y sus esperpénticos secuaces han optado por poner tierra por medio y abandonar (de momento) su sueño revolucionario. Esta Corte de los Milagros se ha trasladado a otras latitudes, donde el clima es más satisfactorio y pueden consumir chocolate a tutiplén, que contribuye a segregar endorfinas. Puigdemont el revolucionario de salón,  crucificado por Artur Más para llevar las riendas del experimento; mientras él medraba a la sombra; meditando sobre sus cuentas financieras. Puigdemont, el hombre de paja del nacionalismo rancio y ágrafo. Una ideología bastarda que vive fuera del mundo, constreñida en los límites de sus fronteras, ignorando la aldea global y los diversos mecanismos económicos y sociales que necesitan las naciones para subsistir. Si se visitaran más las bibliotecas, los ciudadanos comprenderían que el único nacionalismo bueno es el inexistente. 
Estas ideologías pasan por el adoctrinamiento más pertinaz, la xenofobia intelectual y la discriminación más radical. Cualquier nacionalismo parte de los conceptos de superioridad, algo difícil de comprender contemplando la catadura de la plana mayor de esta efímera república. y el de exclusión (esto sí se comprende al contemplarlos). El nacionalismo sacó a la calle a sus cachorros para ejercer la violencia y romper el orden constitucional. Puigdemont, el golpista de saldillo, manejaba con soltura su flequillo de niño zangolotino, mientras miraba por encima del hombro a una democracia, que suponía en su delirio, débil y enfermiza. Aunque alguno de sus correligionarios no se conoce exactamente hacia donde miran Los nacionalismos coexisten con una venda permanente en los ojos. Son la cuna de radicalismos, extremistas y sectarios. Aunque en este caso ha sido un pasillo de comedias, valleinclanesco y más propio de una tira de Tex Avery.

Este jugar al ratón y al gato de los sediciosos de guardarropía, ha causado una profunda fractura social y humana. Los únicos responsables son ellos, aunque algunos empiecen a escurrir el bulto con camaleónica habilidad. Ada Colau, se escaqueaba en su última entrevista televisiva para no contestar a la pregunta: ¿ Cataluña es una República y quien es su Presidente? ¡Ay! Poderoso caballero es Don Dinero. Ahora al verle las orejas al lobo, los nuevos Robespierres corren a ocultarse para no perder la poltrona. No nos equivoquemos pensando que esto ha terminado y los responsables de estos delitos serán sancionados. El sistema democrático en que habitan les permitirá presentarse a las próximas elecciones y volver a aforarse. Lo mismo que usted y yo cuando cometemos cualquier felonía. Nos crujen directamente, nos sodomizan muy lindamente y a tomar por el envés. ¡País!

miércoles, 25 de octubre de 2017

Impuesto de sucesiones ¡Menuda chorizada!





Calculen ustedes mismos: Ciudadano que pasa toda una puñetera vida de sufridor; ahorrando unos pocos leuros; agobiado por sangrantes impuestos, aclarando sus deudas con el fisco canalla, y que al final de sus días no debe nada a nadie. Es suyo legalmente lo poco que posee. Ganado con sufrimiento y honradez, aspecto bastante complicado en este país de malandrines, cenutrios y picaresca variada. Continúa la fábula cuando sus herederos  reciben una extraña notificación acerca de un impuesto que deben pagar. Debe tratarse de otra cagada. Estos buitres siempre acechando a los ciudadanos honrados, piensan inocentemente. Niet. Para nada. Este dislate es real. Ahora imaginen ustedes la cara a cuadros, la mandíbula desencajada y el estupor del ciudadano, ante el hecho de que unos fulanos a los cuales ha votado para que defiendan sus derechos, establecen una normativa por la cual te roban parte del patrimonio ganado por el esfuerzo de toda la vida de tus mayores. Y que se lo van a llevar por la patilla. Esta chorizada se denomina: impuesto de sucesiones y aunque es difícil de creer, tan sólo se da en comunidades tercermundistas. Este país, fértil en cantamañanas, ha consentido a las autonomías, la capacidad de decidir sobre la aplicación de unas leyes que han sido extraídas del mismísimo escroto. El ciudadano después de sopesar las posibilidades de adquirir un Kalashnikov y acercarse a visitar a estos gestores de bienes ajenos, templa sus ánimos y piensa que la legalidad le dará la razón. Es el instante en que comienza una enmarañada senda de mareos legales, que le lleva al convencimiento de que está todo controlado para que pague por cojones y no hay nada que hacer. Y además ¡tatachan!, el tiempo que mantenga la reclamación le irán añadiendo intereses.
 Que no falte la guinda del pastel. Imaginen ahora que los fulanos que les desgobiernan, tienen capacidad suficiente para eliminar esta felonía, y no lo hacen porque no les sale del arco del triunfo. Vayan un poco más allá en este cuento de terror,  y descubran que  las grandes fortunas se empadronan en otras comunidades, con la intención de no pagar este impuesto facineroso cuando llegue el triste momento. Descubran también con estupor que es posible pedir una subvención para crear una empresa en esta comunidad y tributar después en Villaprepucio de Arriba. Si esta pensando otra vez en el Kalashnikov o alguna modalidad de bomba casera, modérese. Usted es una persona honrada y su función principal es la de alimentar a políticos corruptos o defraudadores varios. Servir de sustento a toda la peña de mafiosos, chorizacos electos y medradores que le rodean. Es lo que hay. Además su aportación servirá para mejorar las infraestructuras, que no hay más que mirar para ver las instalaciones tan acojonantes que tenemos, y lo bien que funciona todo. Siéntase útil alimentando a la cohorte de sanguijuelas que le corresponde  como cupo de ciudadano y llénese de gozo y albricias con la esperanza de que este tipo de bellaquerías desaparezca. Quizá algún día, podamos evolucionar desde nuestra Atapuerca particular, para entrar en un estado moderno de Derecho. Hasta entonces, es lo que hay. 

viernes, 27 de enero de 2017

Bimba


                                                       
                                      

Bimba se ha ido.  Desde la caverna las bestias han regurgitado su ponzoña con un odio antiguo, con un rencor que ya era viejo cuando ellos nacieron. Porque la intolerancia forma parte de la historia del hombre. Es como una herida abierta en el costado de la humanidad por donde supura toda la maldad de que somos capaces. El límite entre la pura perversidad y la psicopatía es muy delgado en estos verracos, adoctrinados y fanáticos. Urge una legislación para controlar el daño que se puede infligir a las personas, la falta de respeto al dolor ajeno, los insultos. Y hay que hacerlo desde la empatía (algo de lo que carecen los bellacos), desde la razón. La Red es un mundo caótico, una amalgama de ideologías, sectarismos, radicalismos, donde entrar en cualquier conversación en un foro, siempre acaba con algún malnacido tocando los bemoles. Una sociedad madura debe disponer de herramientas legales para evitar este tipo de actitudes. Los cavernarios deben ser relegados a su lugar: el oscuro pozo del analfabetismo y el olvido. A los que ejercen de comunicadores y vomitan su bilis afrentando o mancillando, habría que inhabilitarlos profesionalmente, sin olvidar la responsabilidad del Medio de Comunicación en el que ejercen su bellaquería,  a la hora de sancionar. Pero no nos equivoquemos los tarados se tiñen de todos los colores, habitan en todas las banderas. Sectarios y fanáticos surgen como las setas en cualquier ideología. Lo mismo da que sea un homófobo, revolcándose entre miseria moral, que un radical; cachorro de la intransigencia; que pretende ajusticiar ancianos porque cree que así gobernarán los de su cuerda. Se precisan con urgencia leyes que hagan desaparecer del entorno mediático a tanto depravado, a esa estirpe porcina de psicópatas que se alimentan de violencia. Acabar con la intolerancia es la prioridad de cualquier sociedad. Venga de donde venga. Tenga el color que tenga. Ya estamos tardando.


lunes, 22 de agosto de 2016

Adiós, Capitán Trueno

                                  





Se nos ha ido uno de los grandes. Se ha marchado con ese silencio humilde y sin estridencias, de quienes saben hacer de la vida un arte para compartir con los demás. No le han acompañado ni el postureo analfabeto, ni la fanfarria de que se rodean los mediocres que medran a la sombra de ideologías y sectarismos. No le han escoltado esos palmeros que elevan a altares ídolos coyunturales con pies de barro. Nunca le hizo falta. Este barcelonés era un narrador de pura cepa. Un creador de mundos que llenó de fantasía a toda una generación. Sería difícil reproducir con los parámetros actuales multimedia y de dispersión mental, la ilusión que embargaba a los muchachos, cuando acudían semanalmente al pequeño kiosco de barrio, con la ansiedad de averiguar si el afamado Capitán había salvado a su virginal novia Sigrid de las garras del malvado de turno. Nada entendía la chavalería de virginidades varias, ni de censuras. Tan solo anhelaban que el villano cayera por un barranco, para volver a aparecer semanas después milagrosamente.  La férrea garra de la censura obligaba a golpear de plano con la espada o a que los indecorosos enemigos se desplomaran por si mismos desde amenazadores abismos, o desprotegidas almenas, como castigo a su conducta nefanda y antipatriótica. De los cuadernillos apaisados en blanco y negro (2 pesetas) se pasó al color y el tamaño grande (25 pesetas) pero siempre manteniendo las características de aquel monje-guerrero; de afectos platónicos; que recorría mundos olvidados, selvas inaccesibles y hablaba todos los idiomas, incluso los de civilizaciones desconocidas. En la historias de Víctor Mora, los niños aprendieron que aquellas macizas y desvergonzadas valkirias; que vislumbraban los afortunados que disfrutaban de vacaciones; no venían de Suecia, sino de Thule. Y todas eran princesas de armas tomar. 

Mientras Víctor Mora fabricaba mundos fantásticos, poblados de infames y taimados enemigos, los malos de verdad le encerraban por “masón y comunista” (una extraña hibridación, inventada por el Régimen, que nunca he llegado a entender) en las lóbregas mazmorras del mundo real. El Capitán nació como réplica a los trazos gruesos y personajes casi deformes de las aventuras de piratas de “El Cachorro” de Iranzo. El éxito de la fórmula, hizo que Mora repitiera en posteriores personaje, creando un imaginario que se convertiría en un clásico en el mundo de la viñeta. Por un lado estaba el héroe. Adalid y portador de todos los valores. Liberador de oprimidos. La primera criatura fue El Capitán Trueno. Pero le seguiría El Jabato (luchador contra el Imperio Romano), El Cosaco Verde (que cambió su color debido a la censura) y El Corsario de Hierro. A su lado un compañero de enorme fortaleza y sentido del humor bastante gruñón. Este fue el papel de Goliath, llamado “El Cacanueces”, y su famoso quitapenas llamado “toma-toma”. Un antecesor del bate de béisbol tamaño extra, que utilizaba para cambiar impresiones con los enemigos. El hercúleo compañero de “El Jabato”, con bigote daliniano, se llamaba Taurus. En “El Corsario de Hierro” el papel hercúleo lo representaba un enorme pelirrojo escocés llamado Mac Meck, que se transformaría en las estepas del “cosaco” en un sanchopancesco y mofletudo personaje denominado Sing-Li, que aporta una filosofía leonardesca en sus proverbios. La parte femenina es fuerte y valerosa. Un antecedente de la titubeante liberación social de la mujer. Sigrid es reina de Thule, que gobierna por si misma. Claudia es una patricia romana con pensamiento propio, que sería replicada por Lady Roxana en “El Corsario de Hierro”. Crispín es un jovenzuelo en edad complicada, más interesado por las damiselas que por la aventura. En “El Cosaco Verde” se transforma en el adolescente huérfano Iván. Su reflejo en “El Jabato” es el mediocre poeta “Fideo de Mileto” en quien todas las desgracias se hacen huéspedes. Su sosias en “El Corsario de Hierro” es el burlesco mago Merlín, alquimista de pega y nigromante fracasado. 
Víctor Mora ha sido un creador de prototipos, un hacedor de “imagos”. Junto a los grandes demiurgos de símbolos como E. R. Burroughs (Tarzán), Shuster y Siegle (Superman), Bram Stoke (Drácula), el Capitán Trueno es una marca reconocible e icónica. Su vocación lo llevó a trabajar como traductor, articulista o escritor, destacando su obra en catalán. El iluminó una época en que el acceso al ocio era difícil o reservado a una cierta jerarquía. El “tebeo” se convirtió en vehículo masivo de cultura y evasión de la grisura reinante. Fue el sumo hacedor de universos paralelos que llenaron de ilusión y fantasía los hogares, tiñendo sus viñetas de un tono progresista que los estultos tipos de las tijeras no supieron detectar. No precisa del aplauso oportunista del necio de turno, ni parabienes del gestor pesebrero, sujeto a los cambios ideológicos. Víctor Mora está entre los grandes por elevar el guión del comic a alturas inexploradas. Y por llenar de ilusión a toda una generación. Ven, Capitán Trueno. Haz que gane el bueno. Ojala en la mundo real también ganaran los hombres buenos. Descanse en paz. 

jueves, 23 de junio de 2016

Nunca estamos en casa

                                              


La filosofía oriental; que conoce estos menesteres con detalle; nos señala que nunca estamos en casa. No se refieren al espacio físico que hipoteca nuestra vida y hacienda por unos escasos metros cuadrados. Esa casa de referencia somos nosotros mismos. Es nuestro propio yo adocenado, sepultado con necesidades que no son tales, oprimido por tributos vitales que no son imperiosos. Esa casa representa nuestra esencia, que tan poco cuidamos y; con frecuencia; disfrazamos con peregrinas excusas para dilatar el encuentro. A veces los años nos pesan como un cuerpo deshabitado, como la promesa de un futuro siempre dudoso, de metas inciertas. Nos abandonamos a nosotros mismos por el camino. Olvidamos el instante, la perfección del momento. Vaciamos nuestra casa con promesas lejanas, con precarias ambiciones innecesarias. Carpe Diem. Aprovecha el instante. La perspectiva del tiempo nos va dejando un ramillete de momentos malogrados, bocanadas de existencia o exultantes recuerdos. Pero es con el paso de las Estaciones cuando medimos el valor de nuestra propia existencia. Aprendemos a vivir el momento, a relativizar los conflictos interiores, a disfrutar con una bocanada de aire cada mañana, porque todo día es un regalo infinito. Ente el hedonismo desatado de “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”, extraído de la película “Llamad a cualquier puerta” y el ascetismo de renuncia radical a todo estímulo placentero existe una tierra de nadie, donde la armonía nos acerca a nosotros mismos. Los extremos siempre extienden un aroma patológico. A la hora de la verdad; cuando se acaba el sendero; da exactamente igual como te lo hayas planteado: No te vas a llevar ningún equipaje. Tan sólo queda nuestra impregnación en la memoria de aquellos que nos han amado, a los que hemos amado. Únicamente se nos recordará por la luz que hemos repartido (triste, si nos recuerdan por lo contrario), la palabra oportuna que derribó fronteras o la caricia que llenó de calidez un atardecer. Es el momento de sentarse, respirar hondo una bocanada de vida y soltarla mientras repetimos: “Acabo de morir un poco”. Es un ejercicio de humildad, sano, nada morboso. Una aceptación de la realidad que nos habita: Somos pavesas al viento. De esta aceptación aprendemos a medir la intensidad del momento, a degustar a tragos cortos instantes que antes no calibrábamos adecuadamente. Un paseo por la orilla del mar al atardecer, una mirada cómplice, la certeza de que hemos donado felicidad a nuestro paso. Vivir, vivir, vivir y no pensar en nada. Apurar la copa del instante. Pero sin falsos estímulos, evitando los paraísos artificiales, los placeres erróneos. Debemos aprender a estar más tiempo en casa. En esa casa que somos nosotros mismos. Ejercitemos el autoaprecio. La habilidad de valorarnos y a dar valor a esas pequeñas cosas que; con la presteza y la ansiedad; no pudimos apreciar. Quizás así; cuando nos sorprenda el último oleaje; podremos confesar que hemos vivido.











lunes, 8 de febrero de 2016

Bendito botón de “Bloquear”

                   
Frente a quienes sostienen que la fregona, la lavadora o los sanitarios son los mejores inventos para la humanidad, yo mantengo la sospechosa teoría de que el mayor invento que el mundo ha dado es el botón “Bloquear”. Es difícil encontrar un goce mayor al de eliminar a un cantamañanas, dar el finiquito mediático al sectario de turno o al hediondo tendencioso. Pocas experiencias son tan catárticas como bannear a un iluminado. Estos personajes no son otra cosa que la actualización del tradicional “tonto del pueblo”. Aquellos que se llevaban todas las collejas en el colegio por su patetismo, hoy revividos en ponzoña mediática. Te sientas frente al teclado, para tus menesteres cotidianos, y allí está. Date por jodido –te dices- Ya se me ha colado una Gárgola (o un Troll). Tras verificar que no tienes ninguna relación consanguínea con el fulano, deduces que es amigo de un amigo, y ha llegado hasta allí en base a la divina providencia, sin ser invitado. Además lo que te ha colado es una deyección mental, la deposición de un marginado anímico contra la sociedad que le tolera. Tratas de dialogar, pero –craso error- le estás dando cancha a un deficiente que carece de mesura en sus criterios, con las correspondientes consecuencias. El bestiario de inoperantes y abanderados de la mediocridad, que infecta las redes es propio de un catálogo tolkieniano, algo así como la Tierra Media de los menesterosos intelectuales. Encontramos el militante a tiempo parcial; una especie de salvapatrias; que vierte su ponzoña contra sistemas y sociedades. El resto del tiempo vegeta a costa del sistema, arrodillado ante el becerro de oro, explotando los beneficios que le otorga aquello contra lo que lanza sus esputos mentales. En otros páramos, ramonean los espadachines del absurdo, cuyo discurso provoca somnolencia de puro arcaico. Los peores; con mucha diferencia, son los adoctrinados y los sectarios. Patanes con cuatro ideas mal digeridas, obtenidas de textos y doctrinas, que ya eran viejos cuando nacieron, y otras cuatro robadas de algún Reader´s Digest. Con este cóctel de chorradas forman una arquitectura fanática, dispuestos permanentemente al insulto o la amenaza. Éstos se retroalimentan de su propio veneno. Más allá están los talibanes laicos, los iluminados, los poseedores de la verdad a ultranza y los mesías, que vienen a redimir a la sociedad con su cerebro privilegiado. El discurso de la mayoría termina en la ofensa y el disparate. Nada más pueden ofrecer, porque nada más poseen que su propia estulticia. La mayoría de ellos sabe que, de no existir las Redes para vomitar sus indigestiones ideológicas, continuarían siendo el fulano al que la parienta le ordena callar, y el resto del personal ignora o señala con el dedo. En este mundo artificial y anónimo de la Nube, encuentran su perversa victoria. En el distanciamiento adquieren audacia, se atreven, osan lo que no harían en otras circunstancias. El resultado todos lo conocen. Enciendes la pantalla y encuentras un salvapatrias frustrado, un animal de bellota con ínfulas intelectuales, algún revolucionario de mesa-camilla, el pesebrero del gobierno en funciones, defendiendo lo indefendible o tergiversando la realidad, algún estómago agradecido con vocación de lacayo, realizando loas y alabanzas de sus mantenedores, también involucionistas rancios de cáscara amarga y maestros del postureo y la falacia. Tampoco hay que olvidar los corporativistas, aquellos que defienden a capa y espada a los de su cuerda, tengan o no tengan razón, viciando la verdad a su antojo, a los que comen de la mano del odio, del rencor antiguo, de la herida no cerrada. A los maquiavelos que transforman en falso lo verdadero, mediante la alquimia del lenguaje, a los mefistófeles, que ofrecen comprar tu alma y  a toda una patulea de bobos mediáticos, cuyo lugar es la papelera de residuos humanos (no la de reciclaje) Porque es ardua tarea dicho reciclaje. Para ellos se creó ese botón salvador que les condena al ostracismo y al olvido (su mayor castigo), un lugar donde su ponzoña no surte efecto. Ahora, pueden bloquearme, si ello les place…

lunes, 30 de noviembre de 2015

Planeta Calleja

                                                  




Resulta refrescante encontrar en parrilla televisiva opciones que mixturen lo lúdico con el compromiso, el escapismo propio del espectáculo con la aproximación sesuda al personaje y su enjundia. Lo divino y lo humano en formato mediático con el añadido del concepto aventurero. La oferta de Planeta Calleja es cualquier cosa menos aburrida. El espectador puede recorrer una aldea de Nepal, sufrir la ascensión a un glaciar con un cantante, acompañar en un todo terreno a un político,o explorar unas cuevas subterráneas junto al chef de moda. Calleja domina el arte de la proximidad. Maneja el ritmo narrativo y somete al invitado a un aparentemente superficial tercer grado, pero es capaz de extraerle matices humanos y sociales, que otros entrevistadores profesionales no exprimen en sus tertulias. Calleja lo hace desde la cercanía. 

Les habla de tu a tú, mientras obliga al que padece vértigo a ascender una montaña o lleva al límite al invitado sobre un helicóptero. Calleja está rodeado de un equipo excepcional, que consigue que parezcan fáciles algunas de las escenas que conllevan una dificultad técnica alta, y una gran preparación física de los profesionales que sufren con él las incidencias. El formato técnico es impecable, la capacidad de entretener; notable; el acercamiento a los personajes; novedoso. El espectador cansado del habitual “vis a vis”, de las entrevistas al uso y los bustos parlantes, encuentra una dinámica certera, repleta de humor, sin tendenciosidad ni esquinamiento. Algo de agradecer en los tiempos que corren, donde cualquier comentario u opinión es rápidamente víctima de los trolls mediáticos. Tristes entelequias buscando su minuto de gloria. Siempre al acecho para horadar si el entrevistado o el protagonista no son de su palo. Los que anhelan una sociedad unidireccional, teñida de grisura. Dispuestos a politizar todo lo que se respira y verter su venenoso adoctrinamiento en la copa del prójimo. Aquellos, que cuando enseñaron tolerancia y coexistencia en su escuela de fanatismo, faltaron a clase. Parecen habitar otro planeta. Pero no es el Planeta Calleja… 

                    

jueves, 29 de octubre de 2015

Un concejáh de Mijah. El Catetismo Ilustrado

                                               



Este personaje, adscrito a esa nueva hornada de políticos, que considera que presentarse en las instituciones con estética abertzale (léase flequillo cortado a bocado de caballo), escasa higiene y con una camiseta de cuando era adolescente, es una actitud de trasgresión que te rilas. El mozalbete saltó a la palestra con una declaración de principios digna de figurar en aquellas viñetas de “13, Rue del Percebe”, donde el surrealismo campaba a sus anchas, retratándose con un manifiesto ágrafo y contumaz, de una gañanería militante. Durante un pleno del Ayuntamiento de Mijah, se debatía el nombre de una calle que debía llamarse “Del Descubrimiento”, asunto que al homúnculo (el del flequillo cortado a bocados) no debió parecerle de recibo. A continuación comenzó un discurso, antología de la bizarrez y la tontería vocacional, entre titubeos vocales (e intelectuales), con diversos cortes de riego sanguíneo en el ¿cerebro? El botarate; con estética de la película Apocalypto; vomitó un discurso rancio ya en su origen y putrefacto antes de nace, sobre el consabido genocidio de indígenas hace quinientos años. Añadió toda la parafernalia que un sector frenopático de nuestra política abandera como causa, obviando su relatividad histórica, olvidando visitar las bibliotecas en lugar de las escuelas de adoctrinamiento en estupidez. Al parecer a su grupo político no le gusta el nombre por sus resonancias imperialistas y proponen el nombre de “Calle Villa Romana” como alternativa al imperialista y malvado topónimo El personaje es autor del interesante trabajo “Negación punk en la sociedad vasca”. Inapreciable e imprescindible aportación al desarrollo de la cultura occidental. Por que el menda en cuestión es Doctor en Antropología y Profesor Universitario.

Al alcalde se le puede perdonar su gazapo al contestarle que los romanos invadieron España (sic). De su profesión no depende la formación de futuros ciudadanos, aunque merezca un tirón de orejas. Lo que invadieron los romanos se llamaba Península Ibérica (la Iberia de los griegos) y que a manos de aquellos “imperialistas” pasó a denominarse Hispania (vía fenicios). A parte de estos menesteres, el personaje, antiguo jurador de bandera en los cuerpos especiales; dedica sus ocios a la realización de un diccionario andalú, en el cual el se denominaría Huan Porrah en lugar de Juan Porras, aunque las lenguas difamatorias le refieren como “Juan Porro” o “Juan Chorras”. Elaborando unas normas ortográficas lunáticas, donde se aproxima a la jitanjáfora, desarrolla el habla de Andalucía como si se tratase de un idioma. Apoteosis del catetismo ilustrado, este Doctor en Antropología desconoce la diferencia entre dialecto, lengua y habla. Parece ignorar que la idiosincrasia de cada pueblo o ciudad en Andalucía utiliza diferentes fonéticas. Compendiarlas en un habla única, no sería otra cosa que una curiosidad visual, que reproduciría las peculiaridades sonoras de palabras del castellano, pronunciadas en cada zona. Lo shiento, pisha. Va a zé que noh.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Bertín versus Herrera. Televisión de calidad

                                 

Me lo habían recomendado gentes de bien (no de las otras). Ratificado por gente de orden (no de los otros). Conocedores de mi reticencia vocacional ante la tesitura de perder latidos de minutero a golpe de bazofia televisiva, visionando programas con vocación de fango. Pero fue la insistencia de gente de enjundia (no de los otros) la que me llevo a curiosear (vía zapping) el programa conducido por Bertín Osborne llamado “En la tuya o en la mía”. Como presumo de natural desconfiado (cosas de la edad) tiendo a escapar de los personajes poliédricos. Léase: aquellos que desempeñan diversos oficios, teatro, música, presentadores, etc. El motivo es que (incluyendo al mismo Da Vinci) que no terminó de cuajar parte de sus inquietudes, el llamado “Síndrome de Hombre del Renacimiento” esconde con certeza algún gazapo visceral o carencia de los aludidos, dada la imposibilidad estadística de hacerlo todo bien.

Lo que descubrí (Ah, incrédulo de mí) fue un programa de televisión con un alto nivel de realización, capacidad de entretenimiento y capaz de producir adicción durante su desarrollo. Lo que encontré cuando metí la mano (como Santo Tomas, no como los corruptos) fue que el desparpajo que se gasta el Osborne en su cotidianidad, abre camino a entrevistas cercanas, anecdotario atrayente y momentos humorísticos, que se agradecen entre las histerias patológicas de los “gran hermano” o las aberraciones mediáticas de “Salvamé” y demás morralla. En este lance Bertín jugaba; es evidente; con notable ventaja. El invitado era un comunicador de raza, master en escatología mediática y veterano en diversos lances, amén de poseer el gracejo propio de su terruño (esto no es un tópico), y una habilidad para narrar capaz de venderte humo (y que le des las gracias). Un maestro de la socarronería vocacional. Bertín se mueve como pez en el agua. Se ha convertido en la mosca cojonera para determinados poderes debido a su capacidad (y voluntad) de decir lo que piensa. Y de hacerlo con datos en la maleta, y en modo probatorio, asunto bastante molesto para los apoltronados. La espontaneidad del conductor mixturada con la bonhomía sarcástica y riqueza de verbo del entrevistado, capaz de hilvanar una leve anécdota y adornarla hasta el infinito sin causar tedio, ni bostezo. 

Este programa es la prueba fehaciente de que se pueden acometer productos de calidad entre tanta zafiedad, necedades folclóricas o fallidos y anulados intentos de subir el share. Cuando no soflamas o panfletos, pagados por el partido de turno, con presentador chachi-piruli que nos enseña como debemos pensar y quienes son los buenos de la película. “En la tuya o en la mía” entretiene. Posee el ritmo y el montaje apropiados para hacer pasar un rato agradable frente a la pantalla. La entrevista con Herrera ha puesto muy alto el listón. Frente a las ventosidades de Kilo Rivera o los inmundos manejos bajo el edredón que abanderan otras cadenas, Tve responde con un formato de calidad, fluido en sus formas y certero en su contenido, para ofrecer un rato de buena televisión. Sumando lo que ganan a la semana los patéticos bufones de “gran hermano” o los nauseabundos contertulios de “Sálvame” se podrían realizar unos cuantos programas de calidad. Echen las cuentas.

lunes, 19 de octubre de 2015

Willy Toledo, el cantamañanas

                                 


La carrera mediática del ciudadano Toledo ha seguido un sendero inversamente proporcional a su otra querencia (la actoral), hoy en día tan fosilizada que el más experto paleontólogo tendría mucho trabajo para seguir su estela. El ciudadano Toledo ejerce de cantamañanas vocacional para su particular (y escasa) parroquia. Lo hace sin vergüenza (propia, ni ajena) con un discurso mostrenco y zascandil, que desconoce la mesura. Nunca fue precisamente un intérprete del Actor´s Studio. El ciudadano Toledo ha confundido el método Stanislavski con el método Stalinlasvky. Cosas de la fonética (y del analfabetismo), de eso el ciudadano Toledo y su parroquia también poseen en abundancia. El genocidio practicado por los taimados conquistadores, consistió fundamentalmente en sustituir la religión de un pueblo imperialista que masacraba; arrancando el corazón; a los pueblos oprimidos y practicaba el canibalismo ritual, por otra que predicaba el amor al prójimo (que cabronazos, oye). Quizás este sea el problema del ciudadano Toledo, que ha demostrado una inquina selectiva hacia determinadas religiones. Tal vez para evitar encontrarse una gumia en el cuello si extendía su discurso mas allá.. Las razones de espacio obligan a no enumerar la cantidad de verdades a medias que contienen las soflamas de estos pamplinas. Para eso están las bibliotecas. Desear daño o muerte a terceros, es de mal nacido y denota espécimen de baja cuna. Son muchos los habitantes del terruño, que consideran la monarquía un sistema obsoleto y vestigio de la estructura medieval de la sociedad, pero manifiestan sus ideas con respeto democrático y en los cauces apropiados. No en las cloacas esperpénticas de la seudo-intelectualidad y la caspa militante. El ciudadano Toledo gasta aspecto de revolucionario de salón, de gurú menesteroso, con escaso afecto por la ducha o la lavadora. Es el look impostado, que asume parte de la progresía casposa de todo a cien, con trazas de meterse hasta las rayas de los pasos de cebra. En esta piel de toro sobran titiriteros inadaptados, abanderados de la mediocridad, a los que solo le falta el bolso de artesanía indígena para salir en las enciclopedias cuando buscamos: Progre trasnochado. Hay que escapar de la ignorancia contumaz que este “Mester de progresía” derrama a su paso, como juglares hábiles en la mendacidad y lo trivial. En este país sobran los salvadores, los revolucionarios de mesa camilla, los militantes de primera fila que tras la manifestación retornan a su mansión de lujo y nivel de vida capitalista. El postureo de quienes tienen inmobiliarias a golpe de talonario político y desde la pantalla, con instruida villanía,  echan pestes del sistema que están explotando. A estas alturas pensar que durante el 12 de Octubre algún ciudadano está celebrando la colonización es un absurdo histórico. Observar el mundo de hace quinientos años con ojos actuales, otro error garrafal. A nadie se le ocurre que al cantar La Internacional, alguien está celebrando los fusilamientos de las niñas zarinas durante la revolución rusa, las refinadas torturas en las chekas milicianas o el genocidio sistemático de los Gulag. Un dislate enciclopédico. Llama la atención que el ciudadano Toledo y demás cofrades, abanderen esa querencia por la historia pasada, frente a la voluntaria ignorancia respecto a lo que sucede actualmente con los sucesores de aquellos indígenas. Pueblos oprimidos por dictaduras bananeras, encarcelados y tiranizados delante de sus narices. Lo más grave de este personal no es la falta de higiene, el odio; adoctrinado desde la cuna; la malicia integral o su interés en mantener la fractura de las dos Españas de Machado. Desarma esa fascinación por la mediocridad, esa vocación de fango o el analfabetismo asumido como una celebración vital. Esto si es para mear y no echar gota. “Cosas veredes, Sancho amigo. Si han de gobernarnos esta kasta de malandrines, villanos y grande bellaquería”...

viernes, 9 de octubre de 2015

Ana Diosdado. La soledad del cómico

                          

Hay algo de efímero en las andanzas del cómico. Fugacidad que comparten artes como la música, la danza o el teatro. Ese instante mágico que solo es posible atrapar, cuando llega por vía directa al espectador que ocupa la butaca. Ninguna grabación puede reproducir la intensidad del instante, la energía transmitida, inatrapable y única. Ana Diosdado eligió esta profesión; en cierto modo ingrata; llena de luces y sombras. Lo hizo desde una carrera inacabada de Filosofía y Letras, pasando por la literatura como vocación para quedar finalista del premio Planeta con “En cualquier lugar, no importa cuando”, con veinticuatro años. A una edad en que otros andan deambulando sin rumbo por los senderos de la vida, ya había decidido su camino, actuado en la compañía de Margarita Xirgu y escrito otro libro “Campanas que aturden”.  Su mayor éxito quizás fue la obra “Olvida los tambores” (premios Mayte y Foro Teatral) una denuncia de la hipocresía social y la imposición de normas estrictas, que se convierte en espejo de la sociedad de inicios de los setenta, manejando un lenguaje rico y contenido, llegando casi a quinientas representaciones. Le tocó vivir años difíciles en aquella España pacata y garbancera. Un país de doble y triple moral, donde una serie como “Anillos de Oro” levantó ampollas y sirvió para que se rasgara las vestiduras lo más añejo de los sacrosantos valores patrios. Tan solo 13 capítulos para enfrentarse a una nación constreñida por el hisopo y el fajín cuartelero. Por aquella recordada serie desfilaron algunos de los grandes; inmerecidamente olvidados, como José Bódalo o José Mª Rodero. La sintonía de Antón García Abril pasó a formar parte de la historia de nuestra televisión. El éxito se repetiría con “Segunda Enseñanza”. Ana caminó entre los escenarios, la creación teatral, el guión, la faceta literaria o periodística (vocación más fuerte que la interpretación) reinterpretó su entorno y la visión del teatro (su obra El Okapi tenía 19 personajes) e incluso el mismo lenguaje dramático. Obras valientes como “Los Comuneros”, una parábola social estrenada al final de la dictadura, camuflaban bajo el teatro histórico la crítica sociopolítica y el uso despótico del poder. Lúcida metáfora de la voluntad del pueblo contra las imposiciones. El elenco que estrenó la obra en 1970 es una antología de lo más granado de nuestro teatro: María José Alfonso, Juan Diego, Jaime Blanch, Mercedes Sampietro, Emilio Gutiérrez Caba y Pastor Serrador.
Entonces Buero Vallejo era el gurú de la dramaturgia histórica (Un soñador para un pueblo, Las Meninas, El Concierto de San Ovidio). Se trataba de  un teatro complejo por el número de escenas y elevado número de actores, impensable hoy en día. La Real Academia la honró con el premio Fastnrath por su innovación en el lenguaje de los personajes. En su calidad de dramaturga, fue una rareza en un mundo mayoritariamente masculino. Por su atrevimiento en los temas de sus series televisivas, una pionera que demostró su coraje ante una sociedad que avanzaba lentamente hacia el cambio, lastrada por los fantasmas de la ignorancia. Le sorprendió el final del camino cuando triunfaba dirigiendo su última obra sobre los escenarios. Una imaginativa colisión entre ¿cómo no? dos mujeres fuertes y combativas: Una mundana, escasamente mística, Teresa de Avila (espléndida María José Goyanes) frente al carácter indomable de la Princesa de Éboli. Un texto de tinte clásico, que ha pasado por los mejores festivales (Almagro, Alcalá, Cáceres) La cálida voz, aterciopelada, de Emilio Gutiérrez Caba, otro de los grandes de la edad de oro del teatro en Tv (Estudio 1), representa a San Juan de la Cruz. Su marcha nos ha dejado sobre las tablas, una obra que seguirá recorriendo, sin duda con éxito, los escenarios, aún en ausencia de su autora. Es la grandeza y miseria del cómico. En el escenario de la vida; igual que en el teatro;cuando baja el telón estamos completamente solos.




miércoles, 12 de agosto de 2015

Políticos (Por la patilla)



                                       


No hay sensación mas indignante para la plebe (el currito de a pie) que coincidir con un contubernio de ágrafos y saltimbanquis políticos en algún acto cultural. En primer lugar por lo molesto de la situación (fulanos con pinganillo, medidas de seguridad, etc.) que lastran, dificultan (y molestan) la trascendencia de la obra, concierto o declamación. En segundo lugar por la certeza (absoluta e indiscutible) de que dichos saltimbanquis y funambulistas se encuentran de facto en dicho evento cultural, por la hispánica patilla (vamos, de gratis total). Añadamos que los connaisseurs y diletantes del arte en cuestión (ya sea teatro, danza o cualesquiera) no recuerdan haber visionado jamás el rostro de los interfectos en otros lugares (cuando hay que apoquinar, vaya) llegan a la conclusión de que los espantapájaros allí expuestos no son excesivamente aficionados a la cultura en general y al arte en particular, salvo cuando hay “de gratis”, o se requiere postureo por la presencia de algún artista de su palo político, que pueda servir de arbotante a sus veleidades mundanas. De ese modo los volatineros de turno no sólo habrán presenciado por el hispánico gañote un espectáculo que al votante le habrá costado rascarse el bolsillo (gracias IVA cultural), también acudirán al ágape Vip a posturear con los artistas (por la patilla) y serán devueltos a alguna de sus (varias) viviendas habituales en coches oficiales (por la patilla). En cifras contundentes: gasto cero patatero. Aportación al mundo de la cultura: cero patatero. Esta nefasta costumbre carpetovetónica, no es endémica de nuestra mezcolanza celtíbera (auque en algunas autonomías con equidad, ya le han cortado el rollete) también la epidemia invade en el vecino país. El sufrido público que acudía recientemente a un concierto donde estaban invitadas altas personalidades lusas, tuvo que esperar alegremente que terminasen el cocktail, y se dignasen acceder a las localidades (en primera fila), ya pasada la hora prevista y con la orquesta sufriendo de hipotermia, debido a la temperatura reinante. Añadan algún anacronismo como acudir a estos actos pertrechado con uniforme oficial (los médicos no acuden con bata, ni los abogados con toga) y comprenderán el abucheo que el respetable les dedico muy lindamente. El aficionado no gusta de tener cerca a personajes que se han triplicado el sueldo, o aseguran que bajándose el suyo no se arregla nada en el país (sic). Pero reconociendo su derecho de asistencia como ciudadanos comunes (que ser, lo son), es justicia que paguen de su bolsillo. Aunque vivamos en el terruño de Rinconete y Cortadillo o Guzmán de Alfarache (al menos estos tenían clase), no somos jilipollas.

The Extraordinary Tale. 2013

Título original The Extraordinary Tale of the Times Table Año 2013 Duración 79 min. País  España Director José F. Ortuño ,  Lau...